lunes, 18 de abril de 2022

El maquinista y el sujetador (2018)


Vom... Lokführer, der die Liebe suchte... (Sobre... el maquinista que buscaba el amor...) es una película, dirigida por Veit Helmer, coproducida por Alemania y Azerbaiyán que narra la simpática aventura de un maquinista de este último país. La versión inglesa se ha titulado The Bra (El sujetador). Cuando está a punto de jubilarse, en uno de sus últimos trayectos, un sujetador azul se engancha en el testero de su locomotora eléctrica. Sea por el vacío de la jubilación, sea por curiosidad, se dedicará a recorrer la línea para encontrar a la dueña de la prenda, como si fuera un paje en busca de su cenicienta.


La banda sonora de la película contienen ruidos ambientales y música, pero no diálogos. La fotografía se recrea en el verde de las planicies del pie del Cáucaso y en la vida bulliciosa de los suburbios de Bakú por los que la vía transcurre rozando casas y patios traseros. Desfilará ante nosotros una entrañable galería de personajes: el maquinista, su ayudante, la juguetona responsable del puesto de enclavamientos, el niño huérfano que con su silbato avisa de la llegada de los convoyes y todos los vecinos, y sobre todo vecinas, de las casas de la línea que son visitados por el maquinista para encontrar la dueña del sujetador.




Puede encontrarse en algunos portales, entre ellos Filmin.

viernes, 1 de abril de 2022

Cuando el ferrocarril acoge al arte

 

Si no existiera un vínculo entre el ferrocarril i el arte, este blog no existiría (esto no tendría ninguna importancia) y no existirían una inmensa cantidad de obras plásticas y literarias magistrales que han tomado como tema o escenario el mundo y la cultura del tren, y eso sí la tienen, y mucha.

Como un eslabón más de esta cadena, el Museo del Ferrocarril de Madrid abre sus andenes y sus salas para albergar una muestra en la que los artistas expondrán su obra al amparo de los convoyes y la arquitectura de la monumental e histórica estación de Delicias.

Pintores, escultores, fotógrafos, ilustradores, orfebres, diseñadores, dibujantes… artistas jóvenes, emergentes y consagrados expondrán y venderán su obra. El evento quiere ser una invitación a los asistentes a convertirse en coleccionistas y mecenas contemporáneos.

También participarán centros educativos especializados, difundiendo sus planes formativos, y oenegés relacionadas con el arte o que se expresan a través de él.

Los asistentes tendrán la opción de participar en actividades lúdicas, talleres, concursos, micro teatro y conciertos.

Si se pasan por Madrid entre el 26 y el 29 de mayo, no dejen de hacer una visita a Delicias con arte.

Si lo suyo es la creación artística, puede que le esté esperando un lugar para su obra entre las locomotoras históricas.

Puede encontrarse toda la información aquí.

Una oferta muy atractiva

A la espera del programa definitivo, este blog ha podido saber que participarán más de 70 artistas que, además de exponer su obra, realizarán demostraciones y talleres para los asistentes, tanto adultos como menores.

Han anunciado su presencia la Universidad de Murcia y la Escuela Universitaria de Diseño, Innovación y Tecnología de Murcia (ESNE), que expondrá su diseño de trajes espaciales en el coche Talgo. También estará presente la Escuela de Grabado y Diseño Gráfico de la Real Casa de la Moneda.

Un de las ONG presentes es Connecting Cultures que contribuye a desarrollar las capacidades creativas y artísticas de las personas en situación de vulnerabilidad, especialmente de las niñas y niños y jóvenes. Otra de ellas trabaja en la prevención de la violencia sobre mujeres, ancianos y niños. También estará presente el programa Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030

Habrá música en directo con el cuarteto de cuerda Concuerda y más, especialistas en las trazas del flamenco en la música clásica.

Se han anunciado, también, diversas conferencias.

Daremos más detalles en una próxima actualización.

 

miércoles, 16 de marzo de 2022

En el tren con la pintura de Cristina Megía


Cristina Megía Fernández (Valdepeñas, 1977) es una pintora afincada en Granada con un amplio y destacado currículo artístico que puede consultar-se aquí.

La obra de Cristina Megía está llena de no-lugares: habitaciones de hotel, salas de exposiciones, parques públicos, halls de grandes edificios… En ellos, el tiempo se detiene para que los seres humanos puedan realizar la acción pintada: fascinarse con una obra de arte, entregarse al amor, cultivar las amistades, descansar, reflexionar o vivir la experiencia de la soledad.

Como un no-lugar que es el ferrocarril, no podían faltar los trenes en su obra.


Tren en Marruecos (2006) nos presenta el espacio ferroviario de tal manera (perspectiva, calidez) que genera en el observador el deseo de verlo ocupado por los viajeros.

 

Es lo que ocurre en las dos obras sin título de 2006 y 2011. En la primera, la viajera parece ensimismada, aprovecha la tregua del tiempo de viaje para reencontrarse. En la segunda, cinco años después, estamos en el mismo coche, la viajera anterior sigue al fondo y vemos a otra mujer que disfruta de la magnífica oportunidad para la lectura que es el viaje en un cercanías.


En Tren en Noruega (2013), la pintora retoma el tema de Tren de Marruecos, pero en esta ocasión los deseos del observador se han cumplido en el delicioso juego de transparencias y reflejos de la ventanilla.

El reflejo en la ventanilla es también el tema de la obra Tren de 2008 que abre esta entrada. El observador tiene ante sí, no sólo el paisaje que puede verse a través de la ventanilla y el rostro reflejado de la viajera, sino también noticia del ensimismamiento reflexivo de esta.

En su declaración de intenciones, Cristina Megía afirma que «Me gusta pensar que el silencio se puede pintar y que un marco puede contener el tiempo.» Al igual que lo consigue en las pinturas de tema ferroviario, lo consigue con el resto de su obra; no se la pierdan visitando su página web.

martes, 1 de marzo de 2022

La cautivadora fotografía ferroviaria de Mercè Ribera


La fotógrafa Mercè Ribera realizó en octubre de 2021 una serie de instantáneas durante un trayecto en tren convencional entre Barcelona y Gerona. La tituló Atardecer en tren. Sus imágenes están hechas desde una contemplación relajada del paisaje. El cielo otoñal es un telón de fondo que da unidad a la serie y contribuye a darle un tono atrayente y cautivador; las catenarias marcan una dirección que nos invita a pasar a la imagen siguiente. 



Por debajo del cielo, el paisaje su vuelve en silueta: bosques, edificios, instalaciones industriales, cobertizos… 





Y de repente, junto a la línea de ancho ibérico por la que circula la artista, aparece la línea del AVE. 


La cámara se recrea en el juego de figuras geométricas de la catenaria y sus sistemas de tensado y, de esta manera, al ser tratada con la misma técnica de contraluz que el resto de elementos, la vía del AVE no es presentada como un elemento privilegiado del paisaje.

 

Esta es sólo una de las facetas de la artista, que últimamente se ha especializado en la creación de pequeños universos confeccionados a partir de la combinación de miniaturas de todo tipo. No son imágenes de la realidad, no pretenden serlo, sino que representan aquello que ha creado la prolífica y fecunda imaginación de la artista. 


A medio camino entre lo onírico y lo metafórico, sus fotoficciones no dejan indiferente y merecen ser visitadas en Instagram: @merceribera33

miércoles, 16 de febrero de 2022

Postales cincuentenarias de tranvías y otros transportes citadinos

38. Tranvía "Maquitrans 2 ejes". Serie 701/712. Año 1943

Hace cincuenta años, se editó en Barcelona una «Colección de 56 vehículos utilizados en el Servicio público de superficie de Barcelona de 1872 a 1972. Edición realizada a iniciativa de "S. P. M. TRANSPORTES DE BARCELONA, S. A." para conmemorar el Centenario del Tranvía.» El año anterior, se había eliminado el tranvía de la ciudad.

Las postales, que eran de una simplicidad esquemática, presentaban los alzados de los vehículos. Los dibujos fueron realizadas por T. Turrión y las postales fueron impresas en el formato de 11 x 15 cm. La colección incluía trolebuses, autobuses y tranvías a sangre, vapor y eléctricos,.

He aquí algunas de las postales:

1. Tranvía de tracción a sangre. Año 1872


2. "La Tram-via de Foc". Tranvía a vapor de Barcelona a San Andrés de Palomar. Año 1877


6. Tranvía "convertibles". Serie 142-164. Año 1898


19. Tranvía con Imperial. Año 1909


52. Trolebús tipo 6RB "Bajos". Seire 600. Año 1964

Se pueden encontrar reproducidas todas las postales haciendo una búsqueda por "Turrión" en la web del Museo del Ferrocarril de Madrid  

martes, 1 de febrero de 2022

Corazón ferroviario, una pequeña joya

Las manifestaciones literarias de la pasión por el ferrocarril en Argentina y Uruguay tienen mucho que ver con la añoranza de un pasado esplendoroso, de ahí que aparezcan pequeños tesoros como el libro Corazón ferroviario (2021).

Se trata de una edición sencilla, en la que se nota que ha sido realizada con las aportaciones voluntarias y voluntariosas de sus participantes. El resultado final es una antología en la que diversos autores aportan estudios históricos, escritos de memorias, testimonios del trabajo ferroviario y relatos de ficción.

El título del volumen tiene una bonita justificación:
El Sr Hugo Domingo Alfonso propuso el nombre no sólo porque él es ferroviario y le agrada su trabajo, sino también un poco parafraseando… porque el "corazón ferroviario" es donde se materializa el corte de uno de los carriles de la vía directa con el de la mano contraria, es la pieza clave dentro del área de cruzamientos, y por extensión en todo el desvío, y para el Sr Alfonso escribir, es entrecruzar sus dos pasiones, trabajo y hobbie.
De los veintitrés escritos que contiene el libro, este blog, por su orientación, se ha detenido en los ensayos memorialistas y en los relatos de ficción.

El uruguayo Yamandú Aguliera aporta dos relatos: En su ley (2021), cuyo protagonista es "el único empleado en la pequeña estación de aquel ramal casi olvidado", y El último tren (2021), que describe los sentimientos del maquinista al que le toca hacer el último viaje de una línea que se cierra. He aquí un fragmento de este último:
El humo, el gasoil, la grasa. Y el sudor, ese olor permanente del trabajo duro. ¿Cómo voy a vivir sin ellos? El color del hollín que va cubriendo todo, la barba de varios días, las manos agrietadas, las uñas quebradas. Toda esta atmósfera nació conmigo, vivió conmigo, hasta hoy. Toda esa música de hierros que se chocan suavemente, que se acarician, con la caricia áspera del metal, una y otra vez. ¿Es que hay otra música? Ese bajo profundo del diésel moderando. ¿Se perderá para siempre?
Miguel Ángel Bayona, de Bahía Blanca, en Subite a mis recuerdos (2021) nos transmite los recuerdos de un ferroviario que se presenta así:
Nací en el hospital ferroviario de Bahía Blanca. Supe lo que es un cambio con su aguja, una zapata de freno, una eclisa, una señal de distancia, el código morse de telégrafo y muchas cosas más antes de aprender los verbos en la escuela.
Cristina Brito, de Flores, en Añoranzas sobre rieles (2021), desgrana los recuerdos de sus viajes de niñez y el porteño Aníbal Ismael Elías, en el relato En busca del pasado narra la aventura de tres amigos en la búsqueda de los vestigios del tren en el pueblo de Carlos Beguerie

El cuento de Miguel Julio Neira, de Entre Rios, titulado El solterón (2020), retoma un viejo tópico: el hecho de que los ferroviarios son un buen partido por su estabilidad económica comparado con la incertidumbre de los ingresos en la vida rural. El protagonista es un maquinista con muchas pretendientes y del que la casamentera del pueblo dice:
"Es un buen partido, Don Luís, es lo que usted necesita, muchacha, es maquinista, tiene buen sueldo, es un hombre encantador, muy amable y servicial".
El platense Gustavo Ruffo, en el cuento Estación Tolosa (2021) narra como la consumación de los amores entre los dos protagonista coincide con la feliz recuperación del tren.
Detrás de la estación, ella lo apretó contra los cajones contenedores de bulones y grandes tuercas. Lo aplastó con sus manos y arrastró por la pequeña escalera que lleva al diminuto cuarto que se esconde bajo las vías del tren. Luego lo abrazó apasionadamente contra la columna de quebracho colorado y bueno, pasó lo que tenía que pasar.
(…)
Allí, en el diminuto taller que se esconde bajo las vías del tren y a la sombra del viejo puente de Tolosa, los ojos cerrados de Chilo estallaron de alegría al sentir que la tierra se movía en los brazos de Berta. Y no estaba equivocado ya que después de casi 40 años, el ferrocarril volvía a circular por la vieja estación.
Y es que el vínculo entre erotismo y ferrocarril nunca muere.

domingo, 16 de enero de 2022

La fotografía ferroviaria de Manuel Gómez Granados

Estación de Francia

Manuel Gómez Granados es un ferroviario que ha extendido su pasión por el ferrocarril de la esfera profesional a la esfera del arte. De familia de ferroviarios, fue un innovador en la realización de mallas y acabó su trayectoria profesional como técnico en la gerencia de programación de servicios, luego llamada dirección de capacidades. La fotografía ha sido su espacio de ocio y expresión artística y, con otros colegas, tiene constituido un grupo fotográfico que comparte su creatividad y realiza exposiciones.

Como si planeara sobre ellas la precisión que su trabajo profesional requería, sus imágenes de tema ferroviario tienen el rigor y la nitidez del programa informático: cada línea tiene su significado, cada forma es un referente, cada textura tiene una función.

La foto que encabeza esta entrada es un muy buen ejemplo de su obra. En ella puede verse su mirada apreciativa por el material técnico de regulación y control, y también su atención a la belleza intrínseca de los mecanismos de enclavamineto.

Semáforo

Gómez Granados se deja fascinar por la precisión geométrica de los elementos constitutivos del material ferroviario y lo refleja en sus fotografías, donde las simetrías internas, la precisión de los contornos y los colores nítidos son una referencia al imprescindible rigor del quehacer técnico. Así puede verse en estas imágenes. No se pierdan la sutileza del título de la fotografía del testero de la Alco:

Clases

Lágrima

Vapor

En algunas ocasiones, sus imágenes dejan de lado la tendencia a la compleción para introducir una nube de vapor o una imagen desenfocada que enriquece la composición.

El futuro

La Mataró

Gómez Granados también sabe recurrir al dramatismo del blanco y negro cuando el tema lo requiere:

Locomotoras

Ruedas y engranajes

La fotografía titulada arte y ferrocarril, hace dialogar el testero de una locomotora del Museo del Ferrocarril de Cataluña con un friso escultórico del artista Josep Maria Subirachs que allí se custodia, un perfecto ejemplo de cómo se conjugan en el fotógrafo tecnología y práctica creativa.

Arte y ferrocarril

Manuel Gómez Granados dejó testimonio escrito de su ascendencia familiar ferroviaria y de la evolución constante de su quehacer profesional en la tercera serie de Dejando huella publicada por Adif y que merece la pena ser leída. Puede encontrarse aquí.

Manuel Gómez Granados


sábado, 1 de enero de 2022

El Tren al sur de Los prisoneros

 

En 1989, el grupo chileno Los prisioneros publicó el tema Tren al sur que no alcanzó popularidad hasta el año siguiente. El tema ha perdurado, más de una decena de artistas lo han versionado y la revista Rolling Stone la incluyó en una lista de las 50 canciones más importantes de pop latino.

La letra [que se reproduce al final] narra lo que pasa por la mente del cantante mientras viaja en tren hacia el sur para reencontrase con los escenarios de su infancia y la naturaleza.

Hay una frase significativa: «Y no me digas pobre por ir viajando así». Es sabido como la dictadura pinochetista dejó abandonado el ferrocarril en beneficio del transporte por carretera y cómo éste tema ha sido clave en las últimes elecciones presidenciales en Chile. En 1990, a los pocos meses del fin de la dictadura, este verso tenia especial significado y lo sigue teniendo ahora.

Puede verse el videoclip de la canción aquí

Sirva el recuerdo de esta canción para desear que la nueva etapa política del país vaya en beneficio del ferrocarril.
Siete y media en la mañana
Mi asiento toca la ventana
Estación central, segundo carro
Del ferrocarril que me llevará al sur

Ya estos fierros van andando
Y mi corazón esta saltando
Porque me llevan a las tierras
Donde al fin podré de nuevo

Respirar adentro y hondo
Alegrías del corazón, a ha ha

Y no me digas pobre
Por ir viajando así
No ves que estoy contento
No ves que voy feliz

Dos y media en la mañana
El olor se mete en la ventana
Son flores y mis animales
Que me dicen bienvenido al sur

Yo recuerdo a mi papito
Y no me importa estar solito
Porque me llevan a las tierras
Donde al fin podré de nuevo

Respirar adentro y hondo
Alegrías del corazón

Respirar adentro y hondo
Alegrías del corazón

Y no me digas pobre
Por ir viajando así
No ves que estoy contento
No ves que voy feliz
Viajando en este tren
En este tren al sur

Y no me digas pobre
Por ir viajando así
No ves que estoy contento
No ves que voy feliz
Viajando en este tren
En este tren al sur

Tren al sur

(rep)

jueves, 16 de diciembre de 2021

Premios de fotografía Caminos de hierro 2021


El fotógrafo Sergi Escribano ha ganado el primer premio de la 30º edición del prestigioso concurso fotográfico de tema ferroviario 'Caminos de Hierro' que convoca la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. La obra premiada lleva por título 'Chronos'.
Escribano es especialista en fotografía callejera y también ha realizado trabajos para la agencia Corbis y para Getty Images, como fotógrafo creativo. Ha publicado fotografías para medios de comunicación como The The Guardian, National Geographic, Libération, El Pais, El Periódico de Catalunya, entre otros.


'Cargo', de Víctor Zurbarán, ha recibido el segundo premio. Nacido en Madrid en 1978 y máster internacional en fotografía creativa, ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas. Ha sido finalista en los Premios de Fotografía Fundación ENAIRE y en el Festival PhotoEspaña 2021, y premiado en 2008 con el Concurso de Foto-Reportaje ARCO.


El premio Año Europeo del Ferrocarril se ha otorgado en esta edición con carácter excepcional para festejar este acontecimiento del ferrocarril. Ha recaído en la obra 'Una mirada en el tiempo', de Arancha Benedí Más. Nacida en Zaragoza en 1966, comenzó su carrera profesional en la Galería Spectrum de su ciudad natal, aunque lo que realmente la marcó fue su paso por el Centro de Tecnologías Avanzadas de Zaragoza, cuya formación le ha permitido dedicarse de pleno a la fotografía. Nominada a los Goya en 2012, ha sido merecedora de otros muchos premios.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Las imágenes ferroviarias de Almudena Grandes


Las letras hispanas están conmocionadas estos días por la muerte de la escritora Almudena Grandes (Madrid, 1960-1921). El catedrático Julio Neira dice de ella que «Su narrativa se encuadra en los decenios finales del siglo XX y los años transcurridos del XXI, en un contexto histórico, político y social de España muy definido. Sus obras ahondan en la historia reciente para recuperar las huellas de un pasado oculto durante la dictadura de Franco y explican las claves profundas de la sociedad actual.» Recomendamos la lectura completa del texto citado a los que quieran conocer o ahondar en su obra.

¿Vinculaciones con el ferrocarril? Ninguna de sus obras puede calificarse como de entorno ferroviario, pero Almudena Grandes ha utilizado el ferrocarril como metáfora en diversas ocasiones y le ha dado un papel relevante en aquellos textos ambientados en épocas en las que el ferrocarril tenía una función social distinta a la actual. He aquí algunos ejemplos:

La locomotora como metáfora
Le habría gustado decirle a Aguirre algunas cosas, preguntarle si siempre había distinguido con nitidez los contornos de todos los objetos, si nunca había sentido en la nuca el aliento de una locomotora, si procesaba siempre sin dudar las verdades de los libros de texto, pero el doctor Olmedo se le adelantó. Se movió tan deprisa que, cuando Sara quiso darse cuenta, ya había cogido a Aguirre por los hombros, la había empujado hasta dejarla apoyada en una pared, y había renunciado a las metáforas en beneficio de un lenguaje que ella seguramente entendía mucho mejor.

(...)

Ella acabó de vestirse, se puso los zapatos, fue a la cocina, se sirvió una copa, se la bebió de un trago, rellenó el vaso, encendió un cigarrillo, todo era igual, siempre igual, todo, desde el principio, cada episodio de su vida estaba escrito, cada decisión suya había sido ya tomada por otros, tendría que estar contenta, satisfecha, por una vez el tren que respiraba en su nuca no pretendía arrollarla, sino montarla encima, hacerla correr más, ir más deprisa, y sin embargo se sentía perdida, derrotada, manejada por el único hombre al que había amado, por el que lo habría dado todo, por el que habría hecho cualquier cosa.

Los aires difíciles (2002)

Entonces volvió, vino derecha hacia mí y, al detenerse para ofrecerme la cocacola que llevaba en la mano, sus dos pechos botaron a la vez, como la locomotora de un tren que ha llegado al final de su trayecto.

(...)

—No puede ser —estaba atónito, tan asombrado que apenas lograba escucharme a mí mismo—. Tú eres… —ella asintió con la cabeza, y sonrió, y la sonrisa embelleció instantáneamente una cara que no estaba hecha para la melancolía—. ¿Y…? —me llevé un dedo al entrecejo y se echó a reír, y la risa le sentaba todavía mejor.

—Depilación eléctrica. Nunca más volveré a tener una sola ceja.

—Pero tú eras gorda…

—Y lo sigo siendo.

—No —le dije, y casi podía escuchar el estrépito de la locomotora que se ponía en marcha, casi veía la columna de vapor que se elevaba desde la chimenea de un tren que me llevaba lejos, y el ala de un sombrero sobre mi cabeza, y la plata helada que se resquebraja en la superficie de las viejas fotografías en blanco y negro—. Ahora eres un merengue de fresa.

Mi prima cerró los ojos, insinuó una sonrisa, volvió a abrirlos.

—Eso es lo mejor que me han dicho en mucho tiempo —se acercó para darme un beso en una mejilla, luego en la otra, le puse las dos manos a la vez en la cintura, ella apartó primero la izquierda, luego la derecha, las dos con cuidado—. La próxima vez que me cene un huevo duro y medio melocotón en almíbar me acordaré de ti

Estaciones de paso (2005)

Eché a andar por el pasillo y me siguió mientras su hija empezaba a llorar, su marido a intentar consolarla emitiendo chasquidos sonoros, repetidos y rítmicos como el traqueteo de una locomotora

El corazón helado (2007) [El protagonista de esta novela realiza un largo trayecto en tren al regresar de Alemania donde ha combatido en la División Azul]

En cualquier caso, pasara lo que pasara, peor era pensarlo. Por eso, durante una semana, las palabras de la madre Carmen, vaya a verla, hable con las señoritas del ministerio, lo que sea, pero sáquela de allí, salve usted a su hermana, me golpearon el cerebro como si cada sílaba fuera un martillo. En el último tramo del viaje, mientras el frío de la madrugada y la proximidad del Cantábrico me hacían tiritar dentro del liviano vestido con el que había subido al tren en un sofocante atardecer madrileño, aquel rumor llegó a hacerse tan ensordecedor que el estrépito de la locomotora no parecía tener otro objeto que marcar el ritmo de aquellas palabras, salve usted a su hermana, sálvela, salve usted a su hermana, sálvela… Al poner los pies en el andén, le pregunté a un ferroviario si conocía un colegio llamado Zabalbide y sonrió antes de explicarme cómo llegar. Si se pierde, pregunte a cualquiera que ande por la calle, añadió al final. Aquí en Bilbao, lo conoce todo el mundo.

Las tres bodes de Manolita (2014)

De pequeños, a los dos les extrañaba mucho que su abuela Adela no fuera como su abuela Aurora, como las abuelas de los otros niños. Que no supiera cocinar, que no supiera coser, que nunca estuviera en casa. Que tuviera amigos que llevaban una melena hasta la cintura y amigas con el pelo cortado al uno. Que pusiera heavy metal a todo trapo mientras limpiaba la casa. Que fumara como una locomotora, no solo tabaco, y que nunca se quisiera quedar con ellos los fines de semana porque siempre tenía planes, cenas, viajes, cosas que hacer.

Los besos en el pan (2015)

La rabia congelaba su rostro y ralentizaba sus movimientos cuando tomó las fotografías, las alineó con mucho cuidado y las rompió en cuatro trozos para dirigirme una mirada desafiante, tan altiva, tan impropia de su situación al mismo tiempo, que la celebré con una carcajada.

—¿De que te ríes, cabrón? —se levantó de un brinco, rodeó la mesa, me miró de frente.

—Eran copias, Amparo, tengo más —buscó una respuesta que no encontró mientras respiraba ruidosamente, las aletas de su nariz palpitando como los engranajes de una locomotora—. Tampoco pretendo chantajearte, si eso es lo que estás pensando. Sólo quiero pedirte un favor y, desde luego, tienes la libertad de negármelo.

Seguía de pie, indecisa entre su primera reacción y la endeble garantía que acababa de ofrecerle. Su pasividad me iluminó, inspirándome una idea que al principio me pareció un mal pensamiento y a la larga resultó un hallazgo.

—Siéntate, Amparo —porque no tardé en comprobar que mi voz, en modo imperativo, conservaba intacto su poder—. Siéntate y escúchame.

Los pacientes del doctor García (2017)


Los espacios ferroviarios transfigurados

Ella debía viajar en Metro con frecuencia, y feliz propietaria de uno de esos cartoncitos de colores que, como vergonzantes pasaportes locales, distinguen al auténtico ciudadano de la canalla que se resiste a contribuir al esplendor de los transportes públicos, obtuvo en un instante la gracia de traspasar la barrera de metal para perderse en un pequeño laberinto de corredores, más allá de la hilera de cubículos metálicos que transfiguraba el vestíbulo de la estación en una moderna explotación ganadera con estabulado mecánico.

Te llamaré viernes (1991)


De repente, en el enésimo giro, bordeando una manzana de casas de lujo, me encontré en casa, un barrio distinto, viejo, con aire de pueblo viejo, que parecía haber brotado repentinamente de la tierra por un capricho del destino, tiendas baratas, edificios de un par de pisos, música de rumba escapando por los balcones y señoras en bata comprando pan, y una boca de Metro con un nombre familiar y doloroso, cinco sílabas que estallaron entre mis dos cejas como una pedrada.

—Para —dije entonces—. Me bajo aquí.

—Bueno, si quieres… Mis padres viven justo detrás de esta esquina, en la otra mitad de la manzana, espérame…

—No me has entendido —expliqué, abriendo la puerta del coche—. No voy a ir a casa de tus padres. Me vuelvo a la mía, en el metro.

Pisé la acera con fuerza, y sentí el cemento en las plantas de los pies y una emoción extraña, como si al descubrir el secreto de la ciudad de las dos caras ésta me hubiera desvelado la clave de mi única vida, y sólo entonces me incliné hacia delante, para despedirme desde la ventanilla.

—Tú no me miras, Miguel —dije despacio, aunque estaba segura de que no me entendería—. Porque no sabes mirarme.

Luego, la estación de Valdeacederas cerró sus brazos sobre mí como sólo saben cerrarse los brazos de una madre.

Modelos de mujer (1996),


La fascinación por los trenes eléctricos

Mi padre, que siempre ha sentido auténtica pasión por los juguetes mecánicos, le regaló a mi hijo Ignacio un tren eléctrico cuando cumplió ocho años. Él mismo cortó un tablero a la medida para clavar las vías, lo forró de césped artificial, se entretuvo en pegar arbolitos y señales de tráfico, consiguió en alguna parte balasto en miniatura para sembrarlo entre las traviesas, y compró una locomotora, un vagón de carga, otro de pasajeros y una estación. La alegría con la que mi hijo lo recibió fue tan inmensa que juró solemnemente en voz alta que nunca, en toda su vida, ninguna cosa podría gustarle como le había gustado aquel regalo. Su abuelo, entusiasmado por aquella respuesta, empezó a explicarle entonces lo que iban a hacer entre los dos para que aquel tren fuera verdaderamente especial, y decidieron que tendrían que comprar otras máquinas, y muchos vagones, y semáforos que funcionaran de verdad, y figuritas de viajeros para colocarlas en el andén, y medio millón de cosas más. Desde entonces, en cada cumpleaños de Ignacio, y en cada Navidad, mi padre escoge por mí los materiales necesarios para llevar a cabo la siguiente fase de su babilónico proyecto y mi hijo sigue agradeciendo ese regalo más que ningún otro.

Atlas de geografía humana (1998)

 

—Hola, José Antonio, ¿cómo estás? —antes de ir hacia él me detuve en el umbral, hasta que giró la cabeza sobre la almohada para mirarme—. Yo me llamo Rafa y soy médico. También soy amigo de tu madre, que me ha pedido que venga a verte.

Al cruzar el dormitorio, pasé por delante de una estantería empotrada entre dos pilares y vi muchos libros, una colección de coches en miniatura y, junto a una copia del retrato del falangista desconocido que estaba sobre el piano del salón, un tren de madera muy simple, tres cubos abiertos por arriba, que servían de vagones, pintados cada uno de un color, el cubo cerrado que hacía de locomotora de negro, igual que las ruedas. Al comprobar que me había detenido a mirarlo, mi paciente lo señaló desde la cama.

—Me lo hizo mi padre, en la guerra —su voz, un pito agudo, inmaduro, perturbado de vez en cuando por los tonos graves que anunciaban al adulto que se abría paso desde su infancia, me conmovió tanto como el bozo que sombreaba su labio superior—. No es muy bonito, pero es lo único que tengo de él.

—Entonces sí es bonito —le contradije con suavidad mientras me sentaba a su lado, le tocaba la frente y detectaba una febrícula que no pasaría de los treinta y siete grados y medio—. Dime una cosa, ¿has tenido una faringitis, o una amigdalitis, hace dos o tres semanas?

Los pacientes del doctor García (2017)