domingo, 17 de octubre de 2021

Trenes en la niebla de Manuel Rico

 Manuel Rico (Madrid, 1952), poeta, narrador, crítico literario y editor, publicó en 2005 la novela Trenes en la niebla, que ahora puede encontrarse también en edición digital. Los campos de trabajos forzados del régimen franquista son el tema de fondo de esta novela, como lo es también de otras publicaciones suyas. En este caso, se trata del campo de prisioneros que trabajó en la construcción de la línea de Madrid a Burgos en los años de la inmediata posguerra, trazado que se había empezado a principios de siglo y que fue inaugurado en 1968.

El protagonista de la novela vive bajo la sombra de la desaparición de su hermano, quince años antes, cuando estaba de campamentos por la sierra del norte de Madrid que la línea cruza. Llega a sus manos un cuaderno que perteneció a uno de los prisioneros y que, misteriosamente contiene escritura de su hermano. Este hallazgo le lleva a frecuentar la zona y a conocer personas que le ayudarán en su investigación.

Conocerá, entonces, viejas historias:
Y algún que otro maquinista de Renfe contaba la historia de que más de una vez se había visto forzado a reducir la marcha de la locomotora en medio de la noche porque al pasar el viaducto sobre el Lozoya, el tren entraba en una zona de niebla y, al poco, ya en la estación de Fresneda, en el andén se veían, alrededor de pequeñas hogueras, hombres desarrapados, pelados al cero algunos, barbudos otros, rodeados de soldados, o guardias con grandes capotes. Eso en los años ochenta, incluso a principios de los noventa…
Realidad y leyenda, presente y pasado se entrelazan en una novela que ofrece, para el aficionado ferroviario, magníficos fragmentos sobre la nostalgia que generan las líneas sin apenas circulaciones, los apeaderos tapiados y las estaciones desaparecidas. He aquí algunos fragmentos:
Aquella es la vía, ¿verdad?, dije, alargando el brazo hacia un lugar al otro lado de la ventana. Sí, claro. Es la única que existe en la zona. Traza un arco sobre el valle y atraviesa, por túneles, dos cadenas de montañas. En sus raíles, en cada una de sus traviesas, se dejaron parte de su dignidad, de su salud, de su vida, muchos hombres, algunos muy jóvenes...
(..)
Miré hacia el sur y, por un instante, contemplé aquella cinta de hierro que avanzaba por encima del viaducto y serpeaba hacia la montaña bordeando el término de Garganta de los Montes para perderse entre los pinos hacia el túnel en que una explosión se había llevado por delante, según el viejo maestro y antiguo guardián, al jovencísimo autor del diario.
(...)
–Me duele todo lo que se pierde. Derribaron un edificio hermoso, clavado en la falda de la montaña, del que me enamoré, si es que una se puede enamorar de un montón de piedras y de cemento, hace muchos años, cuando era una adolescente… Cuando volví a Fresneda, hace sólo unos meses, me conmovió el vacío que su desaparición ha dejado en el paisaje, en el propio trazado del ferrocarril. Será que una es una sentimental irremediable.
No desvelaremos el misterio de fondo de la novela a los que sigan la encarecida recomendación de leerla.

viernes, 1 de octubre de 2021

La vibración del metro de NY fotografiada por Josep Maria García


Josep Maria García (Barcelona, 1951) es un fotógrafo con 45 años de actividad artística en sus cámaras y en sus pinceles.

En 2007, realizó una serie sobre el metro de Nueva York (USA) que expresa la permanente vibración del ferrocarril subterráneo, tanto en las infraestructuras, como en los convoyes, en los viajeros y en la atmósfera.

Su trabajo sobre el metro de Nueva York puede ponerse en paralelo con el de Janus van den Eijnden en el mismo metro, el de Gerry Lauzon sobre el de Montreal o el de Daido Moriyama sobre el de Tokio.



García ha realizado un sinfín de exposiciones colectivas e individuales, entre estas últimas destacan "Viento de marinada", "Tempus Fugit", "Bósforo", "Tiempo de jazz", "Bostik arte y filosofía", "Caminos de serpiente" o "Kitsob 8".

Define así su trabajo: "Desarrollo la creatividad y el arte a partir de la idea, mediante la poesía y la filosofía como elementos iniciales, la fotografía me ofrece la posibilidad de trabajar e investigar el art conceptual, con intervenciones sobre la imagen aplicando técnicas de acrílicos, anilinas y collage."




Ha sido impulsor y fundador de diversas entidades y proyectos relacionados con la fotografía contemporánea, en espacios de creación barceloneses barceloneses como la Nau Ivanow - Espai30 - Nau Bostik de La Sagrera, Galeria H2O, Pati Llimona o Can Basté.




Puede verse la amplitud de su trabajo en https://www.josepmariafoto.cat/ y en Instagram @jepmagar

sábado, 18 de septiembre de 2021

Trenes de amor y lujo

 

Atendiendo al principio de que las películas de amor y lujo son las que más éxito tienen entre los mortales comunes por aquello de ver como viven y lloran los ricos, no es de extrañar que la literatura y el cine de tema ferroviario haya utilizado los trenes de lujo como escenario. En una secuencia acorde con la evolución del sector, primero aparecen en los argumentos los coches de los presidentes de las compañías y los convoyes reales, después, los trenes de lujo en los que la buena sociedad hace viajes de negocios y de placer de gran hotel en gran hotel y, finalmente, el lujo llega al gran público en los expresos costa a costa y en los trenes turísticos. 


Existen diferencias notables entre la imaginería del lujo ferroviario a un lado y a otro del Atlántico, y un par de conocidas obras de teatro de principios del siglo XX pueden servir de ejemplo: la norteamericana On the Twentieth Century, ambientada en el tren del mismo nombre, y la británica Still Life que transcurre en la cantina de una estación. Mientras en la primera las relaciones entre una actriz de musicales y un director egocéntrico tienen por escenario el lujo desbordante de los nuevos expresos, en la segunda, el enamoramiento de una mujer de clase media y un médico, casados ambos, transcurre en un entorno de acomodo confortable y tradicional. De ambas obras existe versión cinematográfica: Howard Hawks dirigió Twentieth Century (1934, La comedia de la vida) y David Lean, Brief Encounter (1945, Breve encuentro).


Exagerando aun más el ambiente lujoso de los trenes, Leonard Fields dirigió Streamline Express (1935, El expreso aerodinámico). El guión coloca en un exclusivo tren, de dos pisos y formas futuristas, a una serie de personajes dispares de los que se cuentan las aventuras y desventuras mientras el convoy viaja de costa a costa. Broadway Limited (1941) de Gordon Douglas, Strangers on a Train (1951) de Alfred Hitchcock o Silver Strak (1976) de Arthur Miller son tres de los múltiples ejemplos de películas, de géneros diversos, ambientadas o con escenas relevantes en trenes de lujo.


Capítulo aparte merece la saga del Orient Express, de sobras conocida, que des de su arranque en la novela Murder on the Orient Express (1934) de Agatha Christie, ha pasado por la superproducción cinematográfica de Sindey Lumet (1974), la serie de televisión protagonizada por David Suchet y una larga secuela entre la que cabe citar el telefilme británico Romance on the Orient Express (1985), la parodia en la serie Get smart (Superagente 86) de 1965 e incluso la erótica Adventure on the Orient eXpress (1996) cuyo título lo explica todo. La popularidad de esta saga no ha de hacer olvidar otras novelas ambientadas en el mismo contexto, como Stamboul Train (1932, Orient-Express) de Graham Greene o Victoria Four-Thirty (1937, Estación Victoria a las 4'30) de Cecil Roberts, entre otras.


En la literatura española, autores como Vicente Blasco Ibáñez, Leopoldo Alas o Emilia Pardo Bazán ambientaron relatos en coches de primera clase, pero no puede hablarse de textos ambientados en trenes de lujo. Lo mismo puede decirse del cine, por mucho que en producciones de posguerra como Noche fantástica (1943) de Luís Marquina se nos presente a gente bien cenando en un lujoso coche restaurante, o en El andén de Eduardo Manzanos (1952) veamos los acomodados viajeros de los primeros TALGO siendo contemplados como bichos raros por los lugareños.

Los trenes de lujo llegaron a las series televisivas en un frustrado intento de llevar al ferrocarril la fórmula de The Love Boat (Vacaciones en el mar). La serie Supertrain (1976), de la que sólo se emitieron nueve episodios, estaba ambientada en un tren bala de lujo, propulsado por energía nuclear y equipado con las suntuosidades de un crucero tales como salones, piscina y centros comerciales. Se suponía que el tren tardaba 36 horas entre Nueva York y Los Ángeles y este tiempo lo dedicaban los pasajeros y la tripulación a sus escarceos amorosos, conflictos vitales e intrigas entrecruzadas.

 
Los trenes turísticos de lujo han generado una interesante obra gráfica y algunos de sus carteles, normalmente encargados a diseñadores y artistas de renombre, se han convertido en apreciadas piezas de coleccionista y motivo de ediciones facsimilares. Son obras que muestran la belleza de los coches, recrean el lujo de abordo y transmiten la comodidad de ver el paisaje por la ventanilla panorámica mientras se es atendido por un servicio esmerado; toda una invitación a unirse a la élite.


Novelas, películas y cartelismo como los citados han contribuido a que hacer un viaje de placer en un tren de lujo forme parte de la lista de deseos de personas que no necesariamente son aficionados ferroviarios, pero también han contribuido un sin fin de publicaciones, habitualmente libros de regalo y DVD de edición primorosa, que describen la ruta, el material rodante y la experiencia del viaje. En algunas ocasiones se han encargado estas obras a plumas y pinceles de renombre, un ejemplo doméstico lo tenemos en el volumen El Transcantábrico (2008), con texto de Juan Pedro Aparicio e ilustraciones de José S.-Carralero y Maribel Fraguas. El Al Andalus Expreso, por su parte, aparece en diversas colecciones de videos sobre trenes turísticos y de lujo. Estos volúmenes merecen una visita y su lectura ayudará hacer más corta la espera para el viaje.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Los viejos trenes de Puerto Rico de William Maldonado


William Maldonado, nacido en Ponce (Puerto Rico) en 1969, es un ingeniero informático que también estudió arte en la Art Students' League de Nueva York y que tiene una interesante obra pictórica anclada en el realismo. Un tema habitual en él es el Puerto Rico del pasado, en especial sus paisajes y sus gentes, y esto incluye la actividad ferroviaria, sobre todo de los tiempos en que esta estaba vinculada a la explotación de la caña de azúcar. Hay una mirada nostálgica sobre las locomotoras, los vagones, los coches, las estaciones y los viajeros, y también un deseo de rigor en la representación de los aspectos técnicos del ferrocarril.




lunes, 16 de agosto de 2021

Amamantar en el ferrocarril (un relato y tres cortometrajes)

 

Al cogerlo entre sus dos manos, apareció en la punta una gota de leche.
(Guy de Maupassant)




En 1884, el escritor francés Guy de Maupassant publicó en una revista un relato titulado Idylle (Idilio) que fué recogido después en el volumen Miss Harriet. El relato está ambientado en un tren que circula entre Génova y Marsella. En un compartimiento coinciden una campesina de 25 años y un joven de 20. Ella, ha dejado a sus tres hijos con su familia para ir a trabajar como nodriza para una buena familia francesa, él, espera encontrar trabajo en la construcción; ella lleva maletas y un cesto con comida, él, un atillo con cuatro piezas de ropa y un par de herramientas. «El sol, que ascendía en el cielo, derramaba sobre la costa una lluvia de fuego; era en los últimos días de mayo; revoloteaban por los aires aromas deliciosos, que penetraban en los vagones por las ventanillas abiertas.» Ambos dormitan en su intento de soportar el calor.
Súbitamente, al salir de una pequeña estación, pareció despertarse la campesina, abrió su cesta, sacó un trozo de pan, huevos duros, un frasco de vino y ciruelas, unas hermosas ciruelas coloradas, y se puso a comer.
También el joven se había despertado bruscamente, la miraba, siguiendo con la vista el trayecto de cada bocado, desde las rodillas a la boca. Permanecía con los brazos cruzados, fija la mirada, hundidas las mejillas, cerrados los labios.
Comía ella con gula, bebiendo a cada instante un sorbe de vino para ayudar a pasar los huevos, y de cuando en cuando suspendía la masticación para dejar escapar un ligero resoplido.
Se lo tragó todo: el pan, los huevos, las ciruelas, el vino. En cuanto ella acabó de comer, el joven cerró los ojos. La joven se sintió algo apretada y se aflojó el corpiño. El joven volvió súbitamente a mirar.
Sin preocuparse por ello, la mujer se fue desabrochado el vestido; la fuerte presión de sus senos apartaba la tela, dejando ver, entre los dos, por la abertura creciente, algo de la ropa blanca interior y un trozo de piel.
Cuando la campesina se sintió más a sus anchas, dijo en italiano:
—No se puede respirar, de tanto calor como hace.
Entablan conversación, son de pueblos cercanos, tienen conocidos comunes. Ella, que cada vez tiene peor aspecto, les explica que «desde ayer no he dado el pecho, y estoy mareada, como si fuera a desmayarme. Con la cantidad de leche que yo tengo, es indispensable dar de mamar tres veces al día; de lo contrario, se siente una molestia.»

La continuación del relato es entrañable y no lo transcribiremos para no romper la satisfacción lectora de llegar a él siguiendo el flujo del texto completo.

Al final:
—Me ha hecho usted un gran favor. Se lo agradezco mucho, señor.
Pero el joven le contestó con acento reconocido:
—Soy yo quien le da las gracias, señora. ¡Llevaba dos días sin probar bocado!

En 1978, el director mexicano Jaime Humberto Hermosillo realizó un cortometraje con esta historia, pero ambientándola en una estación. Ahora los dos protagonistas esperan el tren que ha de llevarlos a Puebla y que se está retrasando. Hace un calor que casi impide respirar. Ella está sentada en un banco del andén y él, después de dormitar en distintos rincones, acaba sentándose en el mismo banco que ella. La conversación que establecen y el desenlace del cortometraje es absolutamente fiel al relato de Maupassant.


Por el deambular del joven por la estación, el espectador puede interpretar que el chico la está rondando atraído por su belleza y, de hecho, una de las reseñas del corto así lo daba a entender: «En una estación de ferrocarril se encuentra una chica, ella cree que hay un hombre enamorado de ella. Sin embargo, el hombre busca algo más que su corazón. Un drama que intenta explorar la deconstrucción de las relaciones humanas y lleva al espectador a un lugar conocido, donde puede verse reflejado.» Otra de las reseñas opinaba que estamos ante un «cortometraje que busca identificar las relaciones humanas a partir de la deconstrucción del amor.»

El relato puede encontrarse aquí y el cortometraje puede verse aquí. Juzguen ustedes si las reseñas tienen razón o si, simplemente, el cineasta quiso ser fiel al escritor.


Por si les interesa, hay también una versión de 1983 realizada por Françoise Prouvost. Incluso hay otra de 2016 de Justin Anderson (aquí) en la que la directora ha suprimido la frase final del relato y parece que no sea la misma historia.   

 

domingo, 1 de agosto de 2021

La migración en los poemas ferroviarios de Pedro Cano

 

Pedro Luis Cano Moreno, nació en Jaén en 1955 y residió en Santa Coloma de Gramanet desde 1964, un municipio del norte del área metropolitana de Barcelona. Murió hace unas semanas. Era poeta, letrista, productor musical y un referente en la vida cultural de su ciudad. Su poemario Viaje al estanque de los peces dorados (2000) es un recorrido por la experiencia de la migración que él vivió de niño. En el libro, el ferrocarril tiene un papel relevante. En este caso, se trata del tren llamado el Sevillano.

El expreso 703/704, apodado el Sevillano en Cataluña y el Catalán en Andalucía, salía de la estación Patio de Armas de Sevilla y hacía su trayecto vía Córdoba, Linares Baeza, Alcázar de San Juan, Albacete, Valencia y Tarragona, para rendir viaje en la Estación de Francia de Barcelona. Hacía inversiones de marcha en Alcázar y en Valencia, y prefería esta ruta más larga a pasar por la más corta de Granada, Baza y Murcia por tener esta última peores infraestructuras. En un inicio, en los años cincuenta, el trayecto sólo estaba electrificado entre Tarragona y Barcelona, de manera que las locomotoras que lo arrastraron fueron cambiando con los años. Tuvo un máximo de catorce coches y furgones. Para recorrer los 1136 quilómetros de su trayecto, invertía treinta horas en los años cincuenta y 19 horas en 1979. Se vendían billetes con derecho a asiento y billetes de pie, pero una norma tácita hacía que se cedieran los asientos a las mujeres y los mayores.


El poema "Conversación III" anticipa, desde los oídos de un niño, la decisión de la familia:
Mar verde. La ventana estaba abierta, desde la vega llegaban las voces del viento en su huida.
–Tengo los billetes de “El Sevillano”. Para Todos los Santos nos vamos.
Palabras que arañan. Susurro.
–Compréndalo, vamos en busca de una vida mejor.
Sueño en el vacío.
En "El viaje", la voz poética recupera los recuerdos del trayecto y sobre ellos va extendiendo, como capas de pintura, no sólo la reflexión adulta, sino también el mecanismo interior que convierte todo ello en material poético.
Diciembre, noche, 1962. Apeadero de tren, trasiego de maletas. Una cantina. Café con leche, aguardiente, frío. Un gran reloj marca las doce. Un niño mira y remira. Las agujas no avanzan, reloj fantasma. Por todas partes capotes verdes y voces, voces. Los niños inquietos quieren jugar. ¡Estaos quietos! Grito que oculta el miedo frente a la quietud de la vías. El niño mira a su madre hundido en la penumbra. Lágrima. Sangre y no agua. En sus espaldas un horizonte poblado de cadáveres alimentado por gachas de harinas negras. ¡Mamá, la niña quiere mear! Debajo de la noche el orín moja unos zapatos de plástico. A lo lejos un tren silva, rompe el silencio. Imagen lacrada: estoy sólo ante el relente... la luz indecisa de un cigarro avanza. ¡Preparáos! Cinco o seis maletas de cartón atadas con cuerda. Un botijo lleno de agua. Un hatillo de trapos. Una cesta y cuatro chiquillos. La tristeza-esperanza huía en vagones de tercera vigilada por los hombres-cicuta. Nadie despide al cortejo. Sólo el reloj que señala las doce. ¿Del día o de la noche?
[…]
El tren hace su viaje y la voz poética va y viene de la dureza del viaje a aquello que la familia está dejando atrás. La sequía y el caciquismo que les han empujado a marchar, las blasfemias al recordarlo, el paso del revisor, la bebida y la comida compartida entre viajeros, la abuela que se ha quedado sola en casa ante la lumbre, los viajes al lavabo inmundo, las preguntas de los niños… todo se va posando a lo largo del poema. Hasta que el tren llega a su destino: 
[…]
Días de hombres-cicuta: montado en su caballo se untaba de majestad entrando bajo palio. En el compartimiento una copla suena. Voces desafinadas. Fuera de ellas un dedo infantil resbala sobre el cristal, sin retomo posible. ¿Qué hora es? Las... llevamos dieciocho horas en el tren. Tinta sobre papel blanco. La sangre no coagula esparcida por la tormenta. Veintiocho horas de viaje. Estamos llegando… Voces. Voces y capotes. Un frenesí de bultos en la procesión del desamparo. ¡Tened cuidado! ¡No os soltéis de la mano! Humo sobre las personas con ademanes de argolla. Desnudos frente al abismo compartimos él frío. Mientras ante nuestros ojos se extendía el estanque de lo peces dorados...
¡Me cago en Dios y en la puta sequía!

 

sábado, 17 de julio de 2021

Un videojuego con trenes dibujados


Paper Train Traffic es videojuego en el que, haciendo funciones de controlador de circulación ferroviaria, debe evitarse que colisionen los convoyes que van apareciendo en la pantalla. No se trata de un simulador de trenes, sino de un juego de destreza y reflejos ambientado en un entorno ferroviario.

El funcionamiento es simple: disponemos de semáforos y de cambios de aguja para mover o detener los trenes y para dirigirlos al ramal que nos convenga. Eso es todo. El juego es divertido y sus 300 niveles ofrecen entretenimiento para largo.

 

Los gráficos tienen la estética de dibujos sobre papel y ofrecen una vista cenital del paisaje sobre el que están tendidas las vías.


En los foros pueden encontrarse todo tipo de comentarios sobre este juego por lo que respecta a su jugabilidad, si lo hemos traído a este blog es por la calidad de los dibujos.


Es una producción de IsTom Games Limited Y puede encontrarse para iOS, Android, Microsoft Windows y Linux.





jueves, 1 de julio de 2021

Ingeniero Miquel Forteza: estructuras y poemas ferroviarios

 

Cuando la Maquinista Terrestre y Marítima construyó la marquesina metálica de la Estación de Francia de Barcelona entre 1926 y 1929, la obra fue supervisada por Miquel Forteza (1888–1969) que, por aquellos años, era el ingeniero de vías y obras de la red catalana de MZA. En 1929, cesó de la compañía ferroviaria y tomó posesión del cargo de ingeniero afecto a la Jefatura de Obras Públicas de Baleares, con residencia en Palma de Mallorca. Allí desplegará la parte más importante de su carrera como ingeniero y como escritor.

Forteza, además de ingeniería civil, había estudiado filosofía i letras, y junto a su labor como ingeniero, desplegó otra como poeta y ensayista. Fue miembro de la Obra Cultural Balear.

Su poesía está llena de los elementos tecnológicos que pueden verse en el paisaje mallorquín: molinos, trenes, estaciones, puentes… En 1935 publicó el soneto Sóller-Express, que describe con un gran dinamismo el trayecto del tren entre Palma y Sóller y, al año siguiente, el poema La estación. Se transcriben a continuación traducidos al castellano (sin rima) y, a continuación, se incluye la versión original en catalán.

Sóller-Espress

Cada día como una lanzadera
de ciudad a ciudad corre el expreso.
La una le ríe sobre la mar sonora,
la otra en un valle de naranjos.

Dejando la llanura de huertas y almendros
rápida sube la locomotora,
y la montaña de ignorados cobijos
atraviesa como espada sobrecogedora.

Comienza a descender, desde el abrupto
peñasco, sobre los arcos del viaducto,
hasta llegar a la ciudad florida.

A sus pies canta el agua del torrente,
al frente, el Puig Major fosforescente
y, desde lo lejos, la mar llena de amor lo llama.

La estación

Espesa red hacen las vías
entrecruzándose indefinidamente.
Negros son todos los muros.
Sin cesar se oye
el sonido estridente
de la corneta;
toca pausada la campana
y, sobrecogedoras,
lanzan su chillido las locomotoras.

Entra la noche.
Van encendiéndose, alejadas
como las estrellas,
las luminarias blancas y rojas,
y reconforta el espíritu
el canto del río, que poco a poco surge
dentro del ruido.

En una vía umbría
un tren permanece con las luces apagadas,
y los viajeros adormecidos
miran la noche, como una amiga
que en las tinieblas inmóviles los liga.

Pero se deshace repentina,
la lejanía negra:
Dos faroles brillan en la obscuridad
y va creciendo el estallido
de las pupilas que la noche desgarran.
Pita a la niebla la locomotora,
y llega un tren
que un solo momento
ha be detenerse aquí.

Como un relámpago he visto lucir
tu bello mirar
oh viajera
que quizá tienes el hilo de mi destino
y huyes para no volver.
La estación queda en la oscuridad.
Sólo endulza
mi espíritu,
el canto del río que poco a poco surge
en el silencio de la noche.



Sóller-Express

Cada dia com una llançadora
de ciutat a ciutat corre l’exprés.
L’una li riu damunt la mar sonora,
l’altra dins una vall de tarongers.

Deixant la plana d’hortes i ametllers
ràpida puja la locomotora,
i la muntanya d’ignorats recers
travessa com espasa colpidora.

Comença a davallar, des de l’abrupte
penyal, damunt els arcs del viaducte,
fins arribar a la ciutat florida.

A sos peus canta l’aigua del torrent,
al front, el Puig Major fosforescent
i, al lluny, la mar plena d’amor la crida.



L'estació

Espessa xarxa fan les vies
entrecreuant-se indefinidament.
Negres són tots els murs.
Sense parar es sent
el so estrident
de la corneta;
toca pausada la campana
i, esglaiadores,
llencen son xiscle les locomotores.

Entra la nit.
Van encenent-se, llunyedanes
com les estrelles,
les lluminàries blanques i vermelles,
i reconforta l'esperit
el cant del riu, que a poc a poc sorgeix
dins el brogit.

En una via obaga
un tren roman amb els llums apagats,
i els viatgers endormiscats
miren la nit, com una amiga
que a les tenebres immòbils els lliga.

Però es desfà sobtada,
la llunyania negra:
Dos fanals brillen dins l'obscuretat
i va creixent l'esclat
de les pupil·les que la nit esqueixen.
Xiula a la boira la locomotora,
i arriba un tren
que un sol moment
ha d'aturar-se aquí.

Com un llampec he vist lluir
ton bell mirar
oh viatgera
que potser tens el fil de mon destí
i fuges per no tornar.
L'estació resta en la fosca.
Sols endolceix
mon esperit,
el cant del riu que poc a poc sorgeix
dins el silenci de la nit.

miércoles, 16 de junio de 2021

Los trenes de Yolanda Urango

Si podemos afirmar que el ferrocarril es la consecución de la tecnociencia que más ha sido atendida por todas las artes es, en buena medida, por iniciativas como la que tuvo en 2015 la asociación de amigos del ferrocarril de Sant Vicenç de Castellet (ASVICAF), una población de la provincia de Barcelona que no llega a los 10.000 habitantes. La asociación tiene maquetas de diferentes escalas, preserva patrimonio y, recientemente, ha recibido una locomotora Alsthom diésel-eléctrica de la serie 700 que prestó servicio en FGC.

Yolanda Urango es una pintora que ha ido pasando del óleo a la acuarela, opción lógica en una artista cuya pintura está basada en el paisajismo. Es una pintura sencilla y detallada que se centra en lugares que ha visitado o que la rodean diariamente. En 2015, Yolanda Urango accedió a la invitación de ASVICAF de participar en una exposición, que se titularía Arte y trenes, junto a la también pintora Nati Gómez.


Las obras que presentó Yolanda unían a la perfección su línea de trabajo, el paisajismo, y la petición de la ASVICAF: sus locomotoras y sus trenes no están aislados ni se presentan en primer plano, sino que forman parte del entorno ferroviario donde han sido sorprendidos: una estación de pasajeros, una zona industrial, una terminal de mercancías, un paso a nivel...





En definitiva, cuando se le ha pedido que se acerque al mundo ferroviario, Yolanda Urango lo ha hecho entendiendo perfectamente que el ferrocarril, no sólo forma parte de nuestro mundo tecnológico, sino también que es un tema pictórico de primer orden.