viernes, 2 de diciembre de 2022

Desde la ventanilla del tren, la mirada de Olga Roig.


En varias ocasiones en este blog nos hemos referido a la creatividad artística que despierta el viaje en tren junto a una de sus ventanillas. Una nueva creadora se une a esta tradición, se trata de la periodista y escritora Olga Roig Ribas, que en su faceta de fotógrafa amateur, se ha dejado seducir por el paisaje que vemos a través de la ventanilla del tren. El deseo de captarlo y la manera como se fotografía suele tener mucho que ver con nuestro estado de ánimo, con aquello de nosotros que proyectamos sobre el paisaje y con aquello que el paisaje desencadena en nuestro interior.

Las fotografías de la serie de Olga Roig, por la posición del sol y por el perfil de la costa que puede verse al fondo, permiten saber que se han realizado de mañana, en la línea R1 de cercanías de Barcelona y viajando en sentido norte – sur. La que abre esta entrada contiene todos los elementos de la serie: el juego del sol con la catenaria, la vía ascendente, la señalización, el mar y el perfil de la costa.

Seguro que mucha gente ha hecho este mismo tipo de fotografías, pero ella ha sabido darles una segunda capa, una segunda lectura que contagia una sensación de universalidad a quien las mira. Nos remiten a la magia del viaje que se repite en todos y cada uno de los trayectos ferroviarios del mundo cuando nos dejamos llevar por el placer del viaje en tren por sí mismo.

Es como si las fotos de Olga Roig estuvieran conectadas o en harmonía con una especie de nube donde convivieran las creaciones de todos los artistas plásticos que se han interesado por este tema. Por citar los más cercanos y reciente: fotógrafos como Raimon Moreno o Mercè Ribera, o pintores como Àlex Prunés, Berta Oromí o Cristina Megía; de todos ellos hemos hablado en este blog.






jueves, 24 de noviembre de 2022

Humaredas (I)

Junto a su estampa imponente, si algo caracteriza a las locomotoras de vapor es el humo que expulsa su chimenea y el vapor que también sale por ella o escapa de las válvulas. Ambos, vapor y humo, invaden el espacio que rodea a la máquina, van al encuentro del viento, se mezclan con el aire, y la humedad y la temperatura de éste determina que veamos apenas un penacho de humo y unas hilachas de vapor o una inmensa humareda, negra, gris, rosácea o blanca que lo invade todo.

No es de extrañar, por lo tanto, que pintores, fotógrafos, escritores y cineastas hayan querido, no solo reproducir o recrear en sus obras el juego de matices infinitos del humo y el vapor, sino también usar su plasticidad y dramatismo para construir símbolos y metáforas.
«¡Humo, humo!», repitió unas cuantas veces. Y de pronto todo le pareció como humo, su propia vida, la vida rusa, todo lo humano y, en particular, todo lo ruso. Todo es humo y vapor, pensaba; todo parece que cambia continuamente, por doquier surgen nuevas imágenes, los fenómenos suceden a los fenómenos, pero en realidad todo es lo mismo.
Esta comparación de la volubilidad humana con la del humo de la locomotora pertenece a la novela Humo (1867) del escritor ruso Ivan Turguénev. El fragmento reproducido corresponde al pensamiento del protagonista cuando, viajando en tren, reflexiona sobre un antiguo amor frustrado y el culto a las apariencias de la comunidad rusa de Baden-Baden.

Si hablamos de pintura de tema ferroviario con buenas humaredas, seguro que la primera obra que nos viene a la cabeza es la fundacional Rain Steam and Speed the Great Western Railway (1844) de J.M.W. Turner, si saltamos a Francia, evocamos los juegos de humo, vapor y luz en las estaciones que pintó Claude Monet a finales del mismo siglo y, si pensamos en artistas españoles, Dario de Regoyos es el que se lleva la palma con obras como El tren de las 16 horas, noviembre, San Sebastián (1900) o El paso del tren (1902) que encabeza esta entrada.

Pero son muchos más los pintores que han trabajado el tema, como el japonés Utagawa Kuniteru II en Tren de vapor pasando por Takanazawa, Tokyo (1870)...

Utagawa Kuniteru II

... o el impresionista italiano Giuseppe de Nittis que firmó su Passa il treno en 1879.

Giuseppe de Nittis 

Las dos obras son contemporáneas y, aunque están alejadas en el espacio y en el estilo, ambas ponen el acento en la gran estela de humo y vapor que deja el tren a su paso. El primero, que representa uno de los primeros trenes, apenas osa dar color a la columna de gases que se eleva hasta el cielo, como si temiera romper la composición habitual de los ukiyo-e, mientras que el segundo, habituado a ver trenes, se centra en el rastro que deja sobre el campo un convoy ya invisible. Pasada la época del vapor, los pintores han seguido añorando y recreando aquellos tiempos, como el valenciano Carlos Oliva en su acuarela de 2016.

Carlos Oliva

Vayamos a la fotografía tomando dos ejemplos alejados entre sí, uno de los Estados Unidos y otro del Japón. Ogle Winston Link fue un fotógrafo norteamericano que, en los años 50 del siglo pasado, realizó un extenso trabajo sobre la substitución de la tracción vapor por la tracción diésel en la compañía Norfolk and Western Railway del estado de Virginia. Son especialmente notables sus obras nocturnas realizas con potentes fotos que daban a los escenarios y temas que fotografiaba un aspecto singular y fantasmagórico, como es el caso del paso de la carretera bajo el puente ferroviario (1955) en la que la humareda preside la composición.
O. Winston Link
Daidō Moriyama es un reconocido fotógrafo japonés que ha dedicado la mayor parte de su obra a explorar y documentar el cambio de valores en su país después de la Segunda Guerra Mundial. Sus fotografías muestran la parte oculta de las ciudades, incluidas las estaciones, los trenes y los viajeros. Sus paisajes ferroviarios y sus fotos de estaciones ponen el acento en las vías, como si le interesara más su destino que el paisaje que recorren. Sus imágenes de interiores de trenes y metros al anochecer muestran a viajeros durmiendo con cara de cansancio o con una expresión tan desesperanzada en el rostro que el espectador se pregunta si realmente quieren volver a casa. Los convoyes son tomados a contraluz, de manera que las columnas de vapor y humo son más relevantes que las locomotoras y los vagones, como ocurre en la pieza Hokkaido (c. 1975).

Daidō Moriyama
También el cine, el cartelismo y el cómic han empleado el humo y el vapor con distintas finalidades, lo veremos en la próxima entrega.

domingo, 16 de octubre de 2022

Bullet Train (2022)


Bullet Train, la película dirigida por David Leitch, ha sido la más ferroviaria de este pasado verano. El guion está basado en una novela del mismo nombre del escritor japonés Kōtarō Isaka, que fue publicada en 2010 y tuvo una versión teatral en 2018. Argumento: cinco asesinos a sueldo se encuentran a bordo de un tren bala que viaja de Tokio a Morioka con unas pocas paradas intermedias. Descubren que sus misiones no son ajenas entre sí. La pregunta es quién saldrá vivo del tren y qué les espera en la estación final (Filmaffinity).

La crítica ha sido muy dispar, desde la que la ha considerado una buena película de diversión hasta los que la han calificado de tediosa, pasando por los que la han asimilado a la estética de Marbel y los que han resaltado sus toques tarantinianos más o menos logrados. Agotadora, divertida, desmesurada, superficial y contraria a las leyes de la física son algunos de los calificativos que pueden leerse en las críticas.

Para el aficionado ferroviario, puede tener interés fijarse en los detalles constructivos del decorado que simula un tren bala japonés de última generación, rebuscar en las secuencias elementos técnicos del ferrocarril cuando éste empieza a despanzurrarse, mirar con ojos incrédulos a los personajes caminando por encima del convoy y llevarse las manos a la cabeza al contemplar la escena final del descarrilamiento.

He aquí algunos fotogramas:
 










Visto todo esto, si desean ver la mejor bullet train que se ha hecho, revisiten Shinkansen Daibakuha (1975, The Bullet Train, Pánico en el Tokio Express) de Junya Sato, que sigue siedo una obra maestra.



jueves, 6 de octubre de 2022

El coche de los fumadores

 

Se ha celebrado en Barcelona la tradicional feria del libro de ocasión antiguo y moderno coincidiendo con la fiesta mayor. Se trata de una feria muy prestigiosa, la más antigua de Europa en su género.

Un librero puso en mis manos el libro francés del año 1931 del que se reproduce la cubierta: Le Wagon des Fumeurs. En ella vemos a un grupo de siete hombres en un compartimento ferroviario lleno de humo de tabaco pasándoselo en grande.

Al leer la portadilla, queda claro de qué se trata: no es una obra de tema ferroviario sino un libro de anécdotas. Pertenece a una colección llamada Joyeusetés et facéties (chistes y facecias). Los distintos capítulos se dedican a gente de la corte, de la iglesia, de las ciencias, de las letra, del dinero, de la milicia, del teatro, etc.

En la portadilla hay una cita literaria con dos versos de G. de Lautrec:

Dans le vagon des dames seules,  / Nous  etions quatre-vingts fumeurs.

(En el coche de damas solas / Éramos ochenta fumadores.) 

En base a estos versos, Raoul Ponchon (1848 – 1937) escribió el poema humorístico Partida de caza (1920) que empieza con unos cazadores ocupando con sus perros el compartimento reservado a mujeres de un tren que, ya completo, no quieren perder. Los versos en cuestión se repiten como un estribillo al final de cada estrofa.

De los versos originales de Gabriel de Lautrec (1867 – 1938) sólo se sabe que los recitó en el Chat Noire de París parodiando una inspiración repentina, pero no pasaron de ahí.

Gabriel de Lautrec (Cazals)

viernes, 16 de septiembre de 2022

Viñetas satíricas (epílogo): las maquetas según Raül Valls

En las entregas anteriores, vimos como los aficionados a las maquetas ferroviarias siempre suelen ser representados por los dibujantes como niños grandes, tan obsesionados por su afición, que ignoran al resto de su entorno e incluso descuidan su vida amorosa.

Los que se dedican a las maquetas tienen un visión un poco distinta de ellos mismos. Es el caso de Raül Valls que suele terminar con una viñeta gráfica las editoriales de la revista Más Tren, de la cual es editor y director.

Sus viñetas desprenden una atmósfera de satisfacción, de capacidad de aprovechar el tiempo y de tener intereses que te mantienen vivo. He aquí una muestra:










También expresan sus viñetas un amor infinito por los trenes.


Aunque tiene la honradez de reconocer que la imagen que se tiene de los maquetistas desde fuera, a veces, coincide un poco con la realidad.

Raül Valls i Oliva (Barcelona 1958) estudió en la escuela Massana de Barcelona y es diseñador gráfico, ilustrador y creativo publicitario.
Ha colaborado como dibujante humorístico de viñeta diaria con el Diario de Andorra y con el Periódico de Andorra. Ha colaborado con el salón del Cómic de La Massana (Andorra), ha realizado diversas exposiciones, ha ganado el premio Carlemany de historieta gráfica del Principado de Andorra y ha publicado seis libros de humor gráfico.
Desde 2004, edita la revista española MÁS TREN, especializada en modelismo ferroviario y cultura del tren. Organiza cada año, desde 2010 el salón, Lleida Expo Tren.

domingo, 11 de septiembre de 2022

En la muerte de Javier Marías, un homenaje ferroviario


Ha muerto el escritor español Javier Marías. Ha sido un gran innovador de la narrativa en lengua española y sus obras han alcanzado unas cotas de calidad difíciles de repetir. 

Fue lector de español en la universidad de Oxford y esta estancia propició la novela con un fragmento ferroviario que hoy recordamos a modo de homenaje. En los primeros compases de Todas las almas (1989), ambientada en la citada ciudad universitaria, hay una memorable escena en el andén de la estación de Didcot, donde el protagonista espera su enlace para Oxford. La iluminación nocturna de la estación conforma la atmósfera.
En Inglaterra los desconocidos no suelen hablarse, ni siquiera en los trenes ni durante las largas esperas, y el silencio nocturno de la estación de Didcot es uno de los más extensos que yo he conocido.

[...] 

Unas pocas luces, separadas por decenas de metros para así evitar el despilfarro, alumbran temerosamente estos andenes aun no barridos que semejan el suelo dejado atrás por una fiesta callejera y pobre. Apenas si se distinguen los breves tramos de piedra y riel que cada una ilumina con parpadeos, y una de ellas ilumina también mi rostro que surge de un abrigo azul marino con el cuello subido y unos zapatos y tobillos de mujer cuya dueña queda en sombra.

 

jueves, 1 de septiembre de 2022

Viñetas satíricas 5/5: Los pícaros pasajeros (y 2)

 

Las preguntas inverosímiles, las deducciones ilógicas y las confusiones inexplicables de los viajeros son buen material para el humor. Ante las conductas incívicas, la sátira de los dibujantes aumenta de tono.

¿Candidez o pocas luces?

¿Y cómo se las arreglan en la oscuridad para encontrar el camino con esa luz tan pequeña?
(De Railway Gazette)

Un hombre economizador
Un billete para Verneuil.
¿Cuál, Verneuil-l'Etang o Verneuil-sur-Siene?
El más barato.

-La verdad, Nicolasa, que no concibo cómo hay gente que tiene el gusto de viajar en el mixto cuando se va tan cómodamente en el exprés.

Está lleno, tendrá que subir al imperial.
¿El imperial también va a Gracia?

Eh, eh, eh. Paren, paren. ¿No ven que se me ha caido el abanico?
(En L'Esquella de la Torratxa, almanaque 1908)

Las cosas no son lo que parece. El hombre que entra en la casilla de los cambios de aguja y le pide al guardaagujas que le ponga una cerveza.

En el metro
¡Oiga, jefe! No hay ningún nombre de estación en este billete.
Todos los billetes son iguales
Entonces ¿Cómo sabré a qué estación voy?

El incivismo

Las viñetas que lo tratan siempre hacen quedar mal al incívico, al contrario de lo que suele ocurrir, por ejemplo, con el pícaro que intenta viajar sin billete.

La vieja dama. Mary, querida, ¿te importaría cambiar el asiento con el pobre Pluff? Le gusta sentir el aire en la cara.
[De Punch]

No escupais en el suelo. 
Diversas maneras prácticas de cumplir los consejos de la alcaldía.

En el tranvía.
¿Quiere hacer el favor de ponerse bien?
¿Más bien de lo que estoy?

Los que critican, por J. Fernández
Verdaderamente es repugnante la suciedad de estos coches de ferrocarril.

No digas de este agua no beberé
–¡Mira el señor que se enfadaba tanto cunado los niños se colgaban del tranvía!
(De En Patufet del 25 de diciembre de 1920)

Fumar o no fumar

Coches para fumadores y para no fumadores, pedir permiso a los otros pasajeros para fumar y medidas antitabaco han sido materia satírica en todos los países.

–Dígame, señorita, ¿no le molestará el humo?
–Oh, señor, le tengo miedo.
–Pues no hará mal en cambiar de compartimiento porque aquí se va a fumar.

–¿Le molesta el humo?
–Mucho.
–Sí que lo siento, tendrá que cambiar de coche.
(De Le Journal Amusant)


Por la tontería de los cigarros encendidos
Que las compañís de tranvías contraten bomberos.
(De The Brooklyn Daily Eagle del 5 de marzo del 1906)

El primer coche para fumadores
(William Heath Robinson)

En el año 1903, el alcalde de Barcelona Josep Monegal, publicó la orden que prohibía fumar y escupir en los tranvías y, la que tendría que haber sido una medida de mejora de la higiene y el confort del servicio, se convirtió en el centro de las iras de la política del alcalde. La revista ¡Cu-cut! ridiculizó así la medida antitabaco:

  
Reflexiones de un conductor
–Tal cómo se ha puesto esto, si el alcalde no lo arregla, todo el tranvía tendrá que ser plataforma.

Curioso aspecto que presentan los tranvías desde que no se deja fumar en su interior.