sábado, 1 de mayo de 2021

El ferrocarril en la poesía de Joan Margarit

Los trenes, las estaciones, los metros y los tranvías tienen un lugar muy relevante en la obra poética de Joan Margarit Consarnau (1938–2021). Hay una trentena larga de poemas con ferrocarriles en su obra. Arquitecto y catedrático de cálculo de estructuras, siempre puso en paralelo su actividad tecnocientífica con la literaria. Escritor en lengua catalana, él mismo traducía sus poemas al castellano.

La Estación de Francia de Barcelona puede tomarse como punto de partida de la importancia del ferrocarril en su obra porque está vinculada a sus recuerdos de infancia. En el poema “Estación de Francia (1946)”, del volumen del mismo nombre de 1999, es el escenario donde se inicia el diálogo poético con un padre que ha regresado de la guerra y del campo de concentración…
Volviste de la guerra con un gorro
pequeño, militar, de tela caqui:
por el derecho de soldado raso
y el revés con galones de oficial.
Huías hacia Francia cuando Líster
batía, fusilando desertores,
los campos y los pueblos fronterizos;
te salvó simular que eras teniente
de voladuras en la retirada.
Cumplí tres años cuando regresaste
del penal de Santoña.
La ternura te había abandonado:
como el país entero,
te ibas convirtiendo en un fascista.
(…)
… y que marcha a trabajar en tren cada semana desde esta estación para el Servicio Nacional de Regiones Devastadas.
(…)
Marchabas a Girona a trabajar,
en algún lento tren de la posguerra.
Hiciste aquellas obras sencillas, unos años
en que no había acero, construías,
con muros de ladrillo y bóvedas de fábrica,
casas de pescadores en los pequeños pueblos
sobre los cuales escribía Pla,
(…)
De la Estación de Francia a casa, el vehículo era el tranvía, un tranvía «de los de hierro que aun hacen ruido en mi cerebro».

Después, esta estación será la puerta de salida de sus viajes de juventud a Francia (“El primer viaje”), el escenario de amores y desamores (“Despedidas”, “A la deriva”) y un espacio de reflexión, como en el poema “Expreso García Lorca”, inspirado por la entrada en esta estación del expreso procedente de Andalucía.
Entras en el andén con lentitud:
existes en la fuerza y en el hierro
de la máquina diésel,
en las ruedas que cortan, relucientes, el frío.
Una luna que no cantaste nunca,
la que sigue a los trenes,
te ha alumbrado las vías en la noche.
Todos tus asesinos ya son viejos.
(...)

En los versos que hemos transcrito ya puede apreciarse como los elementos constructivos pasan con toda naturalidad a formar parte de su tópica poética. Su mirada sobre las infraestructuras ferroviarias siempre es dual: la apreciación de la belleza formal de las estructuras y el saber encontrar en ellas una metáfora de las acciones humanas que las tienen por escenario. En el libro Barcelona amor final (2007), que recoge en edición bilingüe poesía publicada con anterioridad, en la introducción a la sección “Estación de Francia” escribe:
La arquitectura de hierro de las estaciones de ferrocarril de finales del siglo XIX me parece magnífica. Pocas veces se han construido edificios tan bellos y tan en armonía con su uso y con los objetos que han de colocarse o moverse en su interior. Me emociona el espacio que, siendo muy grande, no da nunca la sensación de un exceso retórico. Y también el bordado de las bóvedas de hierro, que responde a una lógica como la de las formas geométricas más nítidas de la naturaleza. Y me emociona el contraste entre el racionalismo de la exactitud con la que funcionan los trenes (metálicos, como las vías, como el mismo edificio), y la aureola de prestigio romántico del viaje.
Pero éste no es el único escenario ferroviario que aparece en sus poemas. En cualquier ciudad (París, Sitges, Barcelona, Reading, Madrid) el ruido y las luces del paso de los trenes marcan el ritmo de las reflexiones de un amante dubitativo. Coches restaurante y estaciones son el hilo conductor de evocaciones. Los puentes, los túneles y las infraestructuras ferroviarias son vistas con sus ojos apreciativos de arquitecto y se convierten en materia poética, como en “El puente del ferrocarril” del volumen Cálculo de estructuras (2005).
El tren nocturno surge iluminado
de dentro del túnel y entra en el puente de hierro,
muy alto y por encima de los tejados,
sobre pilares de piedra en medio de los huertos.
Parece el fugaz estrépito del amor:
el tren es trepidante, igual que el sexo.
(…)
Cuando la aventura amorosa fracasa o la historia de amor se acaba, el tren se ocupa de separar a los antiguos amantes; el quejido del silbato de un tren que se aleja llevándose a la persona amada es una metáfora que Margarit utiliza en “Horarios nocturnos” del volumen Aguafuertes (1995):
Acostado contigo, oigo pasar los trenes,
y sus ventanas cruzan encendidas mi frente
rasgando el terciopelo de esta noche.
La pausa de silencio me deja una luz roja,
la nota en el pentágrama de cables y de vías
oscuras y brillantes. Acostado contigo,
oigo cómo se alejan con el ruido más triste.
Quizá me he equivocado no subiendo a uno de ellos.
Quizá el último acierto sea -abrazado a ti-
dejar pasar los trenes en la noche.
Margarit utiliza a menudo el tren como metáfora de la vida, como en el poema "Sin remitente" (1999) «No bruñirá dos veces este tren / las mismas vías», o en "Atardecer en las costas del Garraf" (1999) «La vida ha ido huyendo como aquel atardecer, / entrando, saliendo de los túneles, peligrosa / y a gran velocidad».


De la red de metro, Margarit destaca su solidez constructiva y su característica de espacio contendor de la vida ciudadana. En la introducción a la sección “Bajar al metro” del ya citado volumen Barcelona amor final, escribe:
El metro tiene connotaciones oscuras y a la vez de identidad. Quiero decir que si me despertase en el metro de alguna de las ciudades que conozco bien, sabría enseguida en cual de ellas estaría. Por el interior de un vagón de metro se reconoce una ciudad, a pesar de ser un lugar marcado como ningún otro por el anonimato, un lugar donde, quietos y en silencio, no hay nada más a hacer que dormitar, leer o mirarse. Siempre acompañan al metro las bocas negras de los túneles, el brillo peligroso de las vías, el laberinto de pasadizos y una extraña alegría al salir por una boca y encontrarse con que la ciudad no es nunca exactamente como se esperaba, aunque sólo sea por la luz que en cada momento tienen las calles. Las voces resuenan con una fuerza que resulta amenazadora, las leyendas, más o menos imaginarias, de suicidios y agresiones están siempre presentes. Pero por encima de todo hay unas estaciones y unos corredores de un metro entrañable, el de los relatos familiares, cuando servía de refugio antiaéreo durante los bombardeos de Barcelona por los nacionales. De muy pequeño debieron de bajarme alguna vez, y seguramente son estas historias escuchadas en los crepúsculos con luz de gas de la primera posguerra las que están en el origen de mis poemas del metro.
Los pasillos y los andenes del metro, en sus momentos más grises, cuando sirven de refugio antiaéreo, acogen contactos entre cuerpos que son esperanzas de futuro, así lo leemos en el poema "Bajar al metro" (1999): «Nunca fueron noches grises. Se encontraban / durante los bombardeos y sus cuerpos / eran armas civiles contra el miedo». El mismo metro, años más tardé, será el escenario de amores espiados y también el que separará definitivamente a los amantes fracasados, como en “Tango”, dentro de Cálculo de estructuras:
Nos separaba el sexo, esta osamenta
dura y oculta del amor.
Fuimos al metro juntos:
el aire cálido de los pasillos
la acarició como un amante.
Cada cual fue a su andén.
Fui el primero en salir: ella permanecía
inmóvil y mirando fijamente las vías.
La dejé para siempre,
igual que si se hubiese lanzado bajo el tren.
El metro es también espacio de evocación casi litúrgica, como en el poema "Claroscuro en el metro" (2004) de Primeros fríos (2004).
La oscuridad teológica del túnel
armoniza con este conventual
recogimiento en los andenes sucios.
Tu ausencia me acaricia
con este tacto de visón del cálido
aire del sótano sobre mi brazo.
Me acerco a tu recuerdo
como a la hoguera de alguien que vigila
solitario en la noche. Pero es tarde:
siniestros y brillantes, los raíles
penetran en el túnel del futuro.
Hemos transcrito algunos versos de nueve de los más de treinta poemas de Joan Margarit en los que el ferrocarril tiene un papel más o menos relevante, los temas de su obra son, obviamente, muchísimos más, pero para el amante del ferrocarril siempre es un placer ver aparecer en un poema, en el momento más inesperado, una imagen ferroviaria, a veces una simple referencia sutil, que nos ayuda a compartir la mirada poética del premio Cervantes del 2019.

viernes, 16 de abril de 2021

Playlists de música ferroviaria


El vínculo entre la música y el ferrocarril viene del momento mismo de la aparición de este método de transporte que cambió nuestro paisaje geográfico y humano. El Museo del Ferrocarril de Madrid ofrece en su perfil de Spotify una selección de canciones, nacionales e internacionales, inspiradas en el mundo del ferrocarril y en las que trenes, estaciones o andenes forman parte de un viaje sonoro ferroviario.

Si visitan la página del museo se encontrarán con un total de 34 listas de reproducción. Las listas denominadas Canciones para viajar en tren (vías de la 1 a la 33) contienen diez títulos cada una, es decir, un total de 330 canciones. Hay algunas repeticiones porque de algunos temas clásicos hay más de una versión, hecho que se agradece con temas como Chattanooga Chou Chou, Night Train, El tren de la costa, Runaway Train, El cha-cha-cha del tren, This Train, Ghost Trains, En el andén o Love Train.

No falta casi nadie, están Lionel Richie, Bee Gees, Los Sírex, Bruce Springsteen, La Guardia, Joaquín Sabina, Johnny Cash, Miguel Ríos, Tom Jones, Nino Bravo, Joe Cocker, Sau, Brian Ferry, Joan Manuel Serrat, Jerry Lee Lewis… ¿hace falta seguir? Aunque se hecha en falta a algunos músicos como Wynton Marsalis y su excepcional álbum Big Train.

Hay dos listas especiales de 40 títulos cada una. Ellas y el tren recopila temas cantados por mujeres como Joan Baez, Chavela Vargas, La oreja de van Gogh, Astrud Gilberto o The Supremes. Música clásica ferroviaria ofrece composiciones de Strauss, Berlioz, Dvořák, Honegger, Alkan o Villa Lobos.

Así pues estamos ante una magnífica antología: canciones de trabajo entonadas por los obreros que tendían las líneas para dar ritmo a los golpes de pico, baladas junto al fuego para evocar la dureza del trabajo, coplillas en los pueblos por los que pasaba para loar o criticar al nuevo invento, canciones que ensalzaban los primeros amores nacidos en el tren, canciones infantiles con muchas onomatopeyas ferroviarias, polkas para trotar por los salones de baile cual convoyes, piezas de jazz, poemas sinfónicos y un sinfín de letras de canciones en las que el tren es utilizado como metáfora de la vida.

jueves, 1 de abril de 2021

Asalto al tren fantasma

El relato Asalto al tren fantasma del escritor N. Sangar fue publicado en 1963 por la editorial EDB dentro de la colección Ardilla.

Dos jóvenes toman el tren en Aberdeen para dirigirse a Londres y después incorporarse a su facultad de Oxford. En su compartimiento se instala también una actriz con su perrito. Cuando llevan unos cuantos quilómetros recorridos, el tren se detiene en medio de la oscuridad y la lluvia, no se puede ver nada por las ventanillas, pero uno de los jóvenes…
—A la luz del relámpago he podido comprobar que junto al tren había un hombre con luces rojas, por eso nos hemos detenido. Como unos metros más adelante, la vía hace una curva, lo que facilita desde aquí la vista de la máquina (sic). Alguien ha subido a ella y, mientras tanto, dos enmascarados maniobraban entre este coche y el anterior. Me temo que nos han desenganchado.
En efecto, los ladrones desenganchan los coches de los viajeros y continúan con la locomotora y el furgón postal. Los dos jóvenes corren en su persecución, los encuentran parados y liberan a los ferroviarios, que explican que…
—Casi antes de haber detenido por completo el tren, subió un hombre con el rostro cubierto, armado de una pistola, que nos amenazó a Larry, mi ayudante, y a mí, con descerrajarnos un tiro, si no le obedecíamos. Momentos después de habernos detenido, me ordenó que siguiera nuevamente a toda la velocidad que pudiera. Me hizo seguir hasta donde ahora nos encontramos, obligándome a parar. Entonces subió otro hombre que nos ató a los dos, mientras el primero seguía encañonándonos. ¡Malditos sean los...! — masculó (sic) una interjección y se frotó las muñecas, con la satisfacción de tenerlas libres.
Los ladrones se han marchado con, aparentemente, las sacas del botín. Los dos jóvenes serán los que, a pesar de la presencia de la policía del condado y de media plantilla de Scotland Yard, descubran donde están las sacas robadas y quienes son los cómplices en el tren.

El relato parece inspirado por la gran repercusión mediática que tuvo el asalto al tren postal Glasgow-Londres que se produjo el 8 de agosto de aquel mismo año. La prensa internacional, incluida la española, dedicó extensos reportajes al exitoso golpe que, en los años siguientes, generó libros y películas que explicaban la metódica del robo, la persecución de los catorce ladrones, el juicio a los capturados y las aventuras de los fugados. Recordemos la alemana Die Gentlemen bitten zur Kasse (1965, The Great British Train Robbery), la británica Robbery (1967, El gran robo) o la miniserie de dos capítulos de la BBC The Great Train Robbery (2013, Asalto al tren de Glasgow).

  

Los libritos de la colección Ardilla se publicaban en rústica de 10,5 x 7,3 cm, con un número de páginas variable y eran editados en Barcelona por la Editorial Don Bosco (EDB) en los talleres que la orden religiosa docente tenía junto a uno de sus centros de formación profesional, los Salesianos de Sarrià.

El ejemplar que nos ocupa fue publicado en 1963, tiene 90 páginas y un número significativo de erratas que pueden atribuirse a la probable intervención de los alumnos en prácticas de la especialidad de artes gráficas.

Del autor, N. Sangar, no hay otra información disponible que el hecho de que publicó en la misma colección los títulos Ruta siniestra (1965) y Crimen en el campamento (1967), lo que nos lleva a pensar que se trata de un pseudónimo. Si revisan el primer párrafo reproducido, verán que la redacción chirría un poco, lo mismo pasa con la estructura del relato.

Pero más allá del valor literario, este librito tiene valor de coleccionismo, como podrá verse si se da un vistazo por la red, y, en este caso particular, valor añadido porque lo ha regalado al autor de este blog el veterano periodista de temas ferroviarios Gonzalo García Sánchez “Garcival”.

 
 

martes, 16 de marzo de 2021

Los tranvías de Barcelona en la prensa satírica


La revista Vía Libre de la FFE publico el artículo Los tranvías de Barcelona de Juanjo Olaizola Elordi en el número del mes de marzo de 2021. El autor escogió este mes porque se conmemoraba el cincuentenario de la clausura de la última línea de tranvías clásicos de Barcelona. En el momento de la desaparición, se publicó un aportada que se ha "recordado" con motivo de la efemérides:


Ahora que la consideración social sobre el tranvía va cambiando y, cada vez más, es visto como un vector de progreso, movilidad y sostenibilidad, es divertido recordar cómo era percibido por sus usuarios en aquellos tiempos en los que era prácticamente el único medio de transporte público en las ciudades.

En la entrada del 2 de julio de 2018 hablamos de la conmoción que causó que en 1903 una orden de la alcaldía de Barcelona prohibiera fumar y escupir en los tranvías y de cómo lo reflejo la prensa satírica.

Hoy veremos el tratamiento que la misma prensa daba a los retrasos, a las averías y a los cambios en los itinerarios.

Los cambios en los trayectos estaban siempre en medio del fuego cruzado entre los que querían que el tranvía pasara por determinadas calles o plazas para tener mejor servicio y los que se oponían a ello por el motivo que fuera. En este caso, la revista Cu-cut de 26 de febrero de 1903 se queja de lo angosto de las calles del nuevo itinerario de un servicio de La Catalana.

Giro de un vehiculo en la calle Archs

El tema de la lentitud era otra de las críticas clásicas. El dibujante Ricard Opisso, en 1932 y en la misma revista, se refería a la lentitud de los tranvías que subían por las Ramblas, un trayecto de 1200 metros; el texto dice «Un viaje en tranvía, por la Rambla, al subir en Colón y al llegar a la plaza Catalunya»


La revista En Patufet de 20 de enero de 1917 se quejaba de la lentitud del tranvía número 30:

Se está afeitando y acicalando, porque tiene que ir a felicitar a su prometida el día de su santo.

Ya tenemos al hombre a punto, con un ramillete de fresquísimas flores

Desgraciadamente, para ir a casa de la prometida hay que tomar el tranvía nº 30.

El cual gasta tanta velocidad, que al llegar a destino, al pobre joven le han vuelto a crecer cuatro palmos de barba y las flores estaban todas marchitas.
Pero como no llueve a gusto de todos, el 18 de març de 1903 la revista Cu-cut se hacía eco de las quejas sobre la excessiva velocidad de algunos tranvías y proponía una solución: «Con un par de criadas / al lado del conductor, / se logrará que los tranvías / caminen despacio.»


Los cortes en el suministro eléctrico era otro de los problemas comunes, y es uno de los que toca el dibujante Josep Serra Massana en la revista Virolet de 16 de agosto de 1924. He aquí las viñetas que hablan del tema, después de hablar de lentitud, de aglomeraciones y de cobradores que no tienen cambio.

De repente, la luz se ha apagado
Y todo el mundo dice: –¿Qué ha pasado?
Contestando el conductor:
–¡Bah, nada! Una interrupción.

–¿Habrá corriente pronto?
–Dos horas y arreglado!
pero la gente, impacientada,
empieza la desbandada.
El humor no ha abandonado nunca el tranvía. En 2004, en el periódico La Vanguradia, Ventura & Coromina entraban en la polémica que comportó la recuperación del tranvía en Barcelona.
 

Por suerte, la red del tranvía de Barcelona, parece que seguirá creciendo.

lunes, 8 de marzo de 2021

Fascinados por los mecanismos de distribución

Brian Sefton

Entre la inmensidad de temáticas, enfoques, miradas e intenciones de la pintura ferroviaria, es fácil identificar algunos temas que son recurrentes: trenes circulando, depósitos de locomotoras, pasajeros en un andén, personal ferroviario trabajando, un paisaje cruzado por un convoy… pero hay otros que no por poco frecuentes dejan de captar la atención y la curiosidad del aficionado. Uno de estos temas singulares son los mecanismos de distribución, pero no son los únicos.

Caracteriza este tipo de imágenes el hecho de que el foco de la obra está concentrado sobre un detalle del universo ferroviario, que es representado de manera aislada. Hay telas y fotografías que se concentran en señales, aparatos de vía, faroles, testeros… En todos los casos el elemento se aísla y se estudia por su valor simbólico o formal. Veamos cómo pintores y fotógrafos se han dejado fascinar por los mecanismos de distribución.

Hermann Pleuer (1863-1911) pintó en 1905 el óleo Las ruedas rojas que puede ser considerado un precursor del tema. Este pintor impresionista alemán tocó el tema ferroviario en muchas de sus obras, pero fue en ésta en la que se dejó llevar por el encanto de un elemento mecánico aislado.

Hermann Pleuer

Con la llegada de las vanguardias artísticas, los mecanismos entraron de lleno en el arte. La fascinación por las locomotoras, los automóviles y los aeroplanos aparece en el manifiesto fundacional del futurismo y su influencia en el arte es inmediata. La vemos en Rolling Power (1939) de Charles R. Sheeler (1883-1965), que no estuvo adscrito a este movimiento. 

Charles R. Sheeler

También influyó en la fotografía, como podemos ver en las que realizó Gabriel Casas Galobardes (1892-1973) en los años 30 del siglo pasado. Se trata de un fotógrafo que trabajó para MZA y que en muchas ocasiones dejaba de lado la fotografía documental para explayarse con composiciones singulares.
Casas Galobardes

Hay que esperar sesenta años, los que tardó el hiperrealismo a hacerse un lugar en la escena plástica, para encontrar de nuevo el tema en la pintura. El pintor británico Brian Sefton (1938-) y el español Javier Banegas (1974-) son dos buenos ejemplos de este retorno. Contemplando sus óleos y sus acrílicos podemos seguir el funcionamiento de la distribución: bielas y manivelas, contrapesos, levas y articulaciones son representadas con exquisita precisión. 

Javier Banegas

En el terreno fotográfico, muchos autores siguieron este camino, como es el caso de Santiago Vila-Puig Codina (1931-), galardonado en Caminos de hierro, en su trabajo Rueda y biela (1986).

Santiago Vila-Puig

El toque cálido lo pone la obra Woman with locomotive (2009) del canadiense Gary Giacomelli. En ella se nos propone poner en contraste la máquina y el cuerpo humano, el frio del acero y el calor de la carne. Este tema también ha sido explotado por la fotografía erótica del alemán Stefan Döll.

Gary Giacomelli

En el fondo de todas las obras que hemos visto, yace la fascinación por las máquinas que tienen formas antropomórficas; las bielas y las manivelas son como prolongaciones de las extremidades humanas o construcciones hechas a su imagen y semejanza. La fuerza de la sangre se ve multiplicada por la del vapor. Pocas imágenes como las de los mecanismos de distribución captan tan bien la idea de que la tecnología es una prolongación del ser humano.

martes, 16 de febrero de 2021

Estación de la Sagrera: tres miradas pictóricas

La estación de la Sagrera, en el barrio de Barcelona del mismo nombre, la construyó la compañía ferroviaria Madrid Zaragoza Alicante (MZA) en 1918 como estación central de mercancías, entonces fue denominada Barcelona-Clot (Sagrera). En los años 90 del siglo pasado, la estación dejó de tener esta función, aunque los trenes de cercanías y regionales seguían pasando por sus dominios sin detenerse y, a partir de 2013, la están atravesando también los trenes de alta velocidad de la línea de la frontera francesa. Actualmente la zona se encuentra en plena remodelación para convertirse en el nudo intermodal más importante del norte del área metropolitana; cuando terminen las obras, en él confluirán trenes de alta velocidad, media distancia, regionales y cercanías, tres líneas de metro y varias de autobuses.


 El óleo que encabeza esta entrada fue pintado por Àlex Prunés en 2006, dos años antes de que se iniciaran las obras, y nos muestra el aspecto que tenia la zona en aquel año, con parte de los tinglados y marquesinas ya desaparecidos. Al fondo a la izquierda puede observarse el edificio de administración de la estación que construyó MZA. Prunés es un artista que sabe leer la belleza de los edificios y espacios industriales. En este caso, para transmitirnos su mirada sobre ellos, los ha despojado de elementos superfluos de su contorno y nos los presenta dominando unos amplios espacios vacíos, de una perspectiva intachable, en los que unas tímidas trazas de las vías nos recuerdan su función.

Unos veinte años antes, en 1988, el mismo tema fue pintado por Ignasi Mundó. La estación de mercancías aun está en servicio, un tren de cercanías atraviesa la zona y los operarios de vías y obras trabajan en las infraestructuras. Al fondo a la izquierda, el edificio de administración.


Pero aun tenemos otra pintura de esta estación, la de Miquel Vilà de 1995, es decir, pintada entre las dos anteriores y en el momento en que la estación hacía sus últimas operaciones. Ahora el pintor se ha situado en el edificio de administración, de manera que nos da una visión casi simétrica a la de sus colegas.


Quedamos a la espera de que en el futuro alguien se deje fascinar por la nueva estación intermodal y plasme en un lienzo su manera de mirársela.

Las obras en 2019
Las obras en 2019, el edificio preservado al fondo a la izquierda


lunes, 1 de febrero de 2021

Unas curiosas aleluyas ferroviarias

Aleluyas de la Estación de Lavern

La estación de Lavern está en punto quilométrico 56,4 de la línea que sube por la costa mediterránea hasta la frontera hispano-francesa pasando por Tarragona, Barcelona y Gerona. Lavern es un pueblecito de 450 habitantes, situado en una zona vitivinícola, en el que no se puso estación cuando se construyó la línea en 1865.

El 27 de abril de 1946 un tren se detuvo en el PK donde ahora se encuentra la estación porque un ferroviario se casaba con una chica del pueblo. Allí nació la reivindicación y, después de muchas gestiones infructuosas ante la administración, Lavern tuvo estación en 1958.

Para celebrar la inauguración, se publicaron unas aleluyas (auca en catalán) en las que se relataban los esfuerzos para conseguirla y la satisfacción de tenerla. Son 48 pareados de una calidad más que dudosa, pues el autor o autora utilizó muchas rimas con tiempos verbales.

He aquí las primeras aleluyas (en traducción textual y sin rima):
1 Buscando mejorar
se preocupaba la gente

2 Y un día, algunos pensaron
que el tren podía parar

3 Los patricios ya hacía años
que tenían esta inquietud

4 Y entre todos se animaron
y pidieron la estación

5 Se desplazó a Madrid
una delegación muy reducida

6 Con el ministro hablaron
y su deseo expusieron

7 Pero como era cuesta arriba
la cosa se complicó

8 «No puede ser por ahora»
(y se marcharon)
Y así continua, contado la historia hasta que celebran orgullosos que ya tienen estación
47 Los vecinos firmes como rocas
harán todo lo que les corresponde

48 Para proteger, con más razón,
la esperada estación.




domingo, 17 de enero de 2021

Los trenes congelados de Philip D. Hawkins

 

Philip D. Hawkins nació en 1947 en la región de West Midland (Inglaterra), estudió bellas artes en Birmingham y su primer trabajo fue en la empresa de construcciones ferroviarias Metro-Cammell Ltd, donde, a partir de los planos constructivos, dibujaba representaciones de los productos finales para los catálogos. Paralelamente, desarrolló su afición por la fotografía y empezó a publicar en las revistas ferroviarias. Ambas actividades están en la base de su producción como artista profesional, actividad que inició en 1978. Fue presidente del Guild of Railway Artists del 1988 al 1998. A menudo, fabricantes y coleccionistas han acudido a él para que, a partir de fotografías y de documentación técnica, recree locomotoras desaparecidas. En 1998 publicó el libro Tracks on canvas (Vías sobre tela) y, en 2005, Steam on canvas (Vapor sobre tela) que recogen buena parte de su obra. En estos volúmenes, cada uno de los óleos reproducidos va acompañado de una completa descripción de su tema y del material rodante que aparece en él.

Los trenes de Hawkins no son muy distintos de los de su compatriota Terence Cuneo (1907-1996), de los del canadiense Max Jacquiard (1934), del norteamericano Howard L. Fogg (1917-1996), de la argentina Ana Rozzi (1948) o del español Catalá Yuste (1959). Es una pintura con un estilo común e intemporal que pervive al margen de los sucesivos movimientos estéticos y pictóricos; son obras que, como dice el periodista y crítico Carles Gorini, «van por una vía diferente». Son trenes suspendidos en el tiempo, congelados para ser revisitados por la posterioridad.

He aquí una muestra de la obra de Philip D. Hawkins.

An ex-Great Western Railway 'King' class loco enters the station
An ex-Great Western Railway 'King' enters the station

Class 50 diesels - Plymouth, Laira shed in 1991

Crossing at Crediton - Crediton station in the 1950s

Footplate - Great Western 4-6-0 Manor class

Novelty at New Street

York during the 50s with A1 Pacific No.60156

Para más información sobre su vida y obra, puede visitarse su web.

viernes, 1 de enero de 2021

Diversiones en el cercanías

 

October Jones es el seudónimo del animador inglés Joe Butcher, nacido y criado en Birmingham. Estudió en la Universidad de Wolverhampton y se graduó en animación. Después de graduarse, Joe consiguió un trabajo en una pequeña empresa multimedia en Derby, donde hasta el día de hoy diseña software de aprendizaje para niños. Recientemente ha trabajado en proyectos de animación para la BBC y ha publicado libros ilustrados.

Este artista es un usuario habitual de los trenes de cercanías y le gusta distraerse durante el trayecto. En 2014 publicó una serie de fotografías tomadas en el interior del coche en las que jugaba a ponerles una cabeza de dibujo animado a los pasajeros que tenía a su alcance. Los personajes de ficción no eran dibujados a azar, sino que buscaba el que más se ajustaba al commuter fotografiado.