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domingo, 1 de octubre de 2017

El tren como metáfora política


En muchas ocasiones, los hechos como los que tiene ocupada la prensa internacional en el día de hoy acaban en las viñetas de los humoristas gráficos utilizando el tren como metáfora. Es el caso de la que encabeza esta entrada, dibujada por Ferreres en el diario El Periódico del 6 de septiembre de este año. El mismo Ferreres ya había utilizado el símil ferroviario para el mismo tema con anterioridad.



El anterior presidente del Gobierno también tuvo su viñeta con tren el 12 de octubre de 2008, en aquel caso un tren a punto de atropellarle. El guion era de A. Faro y el dibujo de C. Da Col.


De los trenes en marcha que encarnan una amenaza política tampoco se salvó el anterior presidente de los Estado Unidos. En The Columbus Dispatch de diciembre de 2008 así se hacían previsiones sobre su futuro de la pluma de Jeff Stahler.


Nuestros vecinos europeos tampoco se quedan cortos y la cancillera alemana es la que se lleva la palma.







Dedicado a las 844 víctimas de la violencia indiscriminada, injustificada e injustificable que el estado ha desencadenado hoy en Cataluña

martes, 13 de junio de 2023

El tren cero


La novela El tren cero (1997) del escritor ruso Yuri Buida, cuya traducción al castellano publicó Automática Editorial en 2013, no merece pasar desapercibida, ni por su calidad literaria ni por su contenido ferroviario. El ferrocarril ha sido y es empleado como metáfora en un sinfín de campos y, en este caso, actúa como metáfora social y política.

Esto es lo que se nos dice en la contraportada del libro:
Cuando se construyeron el puente y la estación de ferrocarril en aquel lugar perdido, se creó a su alrededor una pequeña comunidad de colonos (Iván Ardábiev —conocido como Don Dominó—, Esther y Misha Landáu, Vasili, Gusia...). Las instrucciones eran claras: cuidarían del mantenimiento de la estación y constatarían el paso del único convoy que transitaría esas vías (todos los días, a la hora exacta, sin preguntas), el misterioso tren cero: dos locomotoras delante, cien vagones perfectamente sellados, dos locomotoras detrás. Origen, una incógnita; destino indeterminado; carga desconocida. Con el paso de los años surgirán las primeras preguntas, las dudas y los miedos que amenazarán la existencia de este pequeño mundo y sus frágiles certezas.
Que la acción transcurre en la unión soviética entre 1938 y 1953, lo sabemos porque en un pasaje aparece fugazmente Lavrenti Beria, jefe de la policía y del servicio secreto (NKVD) en estos años.
 
Un fragmento de las páginas iniciales, cuando uno de los protagonistas rememora la inauguración del tren, nos sitúa en el estilo del autor y en el mundo literario donde se desarrolla la acción.
Cien vagones. Destino desconocido. Procedencia oculta. Punto en boca. Vosotros a lo vuestro: que los carriles estén en perfecto estado. Desde aquí hasta allá. Ni más ni menos. Así hablaba aquel coronel que los reunió la primera noche en la exigua habitación de uno de los barracones. Era pelirrojo y de ojos azules. ¿Cómo se llamaba aquel coronel? ¿De veras era solo coronel? Porque lo que es mandar, mandaba más que un general. Orden, orden sobre todo, y nada de preguntas. ¿Preguntas? Desde luego, ninguna, camarada coronel. Estará todo en orden, camarada coronel. El coronel no tenía la menor duda. Ni la más mínima. ¿Para qué estaba allí si no? ¿Para qué estaban, si no, todos aquellos hombres más que probados? Antes del invierno los zapadores ya habían levantado las viviendas para el personal de la estación y los obreros, el almacén de mercancías, un cobertizo provisional para el taller, la torre del agua, los depósitos de carbón. Al filo de la primavera estuvo listo el puente, su cuerpo huesudo se extendió por encima del valle anegadizo del terco riachuelo y se apoyó en la cima de la apartada colina, apenas visible entre los árboles fundidos en una masa homogénea. A finales de mayo terminaron el aserradero, la planta de impregnación de traviesas y la cantina. El uno de junio, Don Dominó nunca olvidaría ese día, pasó el primer tren cero.
El tren cero es una metáfora del estado, de una verdad absoluta, de un principio superior, es algo por lo que trabajar para sentirse útil… hasta que empiezan las dudas en la comunidad aislada de la estación Nueve y cada uno de los personajes genera su propia manera de interpretar, oponerse o someterse al sistema. No hagamos más spoilers.

Disfruten de esta magnífica literatura y del esclarecedor epílogo de José María Muños Rovira, que ha hecho la traducción con Yulia Dobrovolskaya.

Yuri Buida


viernes, 1 de julio de 2022

Viñetas satíricas 1/5: Del miedo a la novedad a objeto de culto.


Iniciamos una serie de cinco entradas sobre viñetas satíricas relacionadas con el ferrocarril. 

Desde su aparición, los dibujantes de las revistas, sobre todo las satíricas, encontraron en el ferrocarril material para sus colaboraciones periódicas. En un primer momento, el tema fue la novedad, los miedos y los inconvenientes. Más tarde, los incidente y los accidentes. Poco después, los ilustradores descubrieron que los coches eran el escenario ideal para inscribir sus ocurrencias de todo tipo y, en este apartado, el erotismo tiene un lugar relevante. Las manías y caprichos de los pasajeros fueron y son una importante fuente de inspiración. Del personal ferroviario, los autores suelen abordar dos aspectos: el cumplimiento inflexible de su función y las penurias de algunos puestos de trabajo.

Paralelamente a estos temas, desde buen principio, el mundo del ferrocarril fue empleado como metáfora de la política, como vimos en la entrada del día 1 de octubre de 2017.

Del miedo a la novedad a lugar común y objeto de culto

El cometido de las viñetas satíricas de la publicaciones periódicas es poner el dedo en la llaga denunciando por la vía del humor y la ridiculización aquello de la sociedad que el lector también percibe como perjudicial o mejorable. Los dibujantes de viñetas no han dejado de resaltar las sombras del funcionamiento y la gestión de los ferrocarriles, pero no deja de ser un indicador del éxito de su implantación el hecho de que, en los primeros años, lo rechazaran y ridiculizaran y ahora también sea objeto de sátira, normalmente amable, la afición por el ferrocarril.

El miedo a la novedad
La destrucción de la paz y del paisaje, el riesgo para los habitantes y los animales cercanos al trayecto y el riesgo de muerte por accidente para los viajeros fueron temas habituales de las primeras críticas.

Revista Punch (Inglaterra) – Encuentro de cazadores de zorro con el ferrocarril (c. 1840)

Henry Heath (Inglaterra) - Los placeres del ferrocarril, inconveniente de las explosiones (1830)

Tomàs Padró Pedret: Sobre los peligros de los trenes (c. 1850), el mismo autor del extraordinario cuadro de 1962 Estación de ferrocarril momentos antes de la salida del tren

Revista PunchPatente de vestido de primera clase para la temporada de colisiones

El coche ferroviario como contenedor
Los coches de los trenes se tomaron muy pronto como escenarios donde ambientar situaciones que muy bien podrían ubicarse en otros entornos, pero el ferrocarril, por su novedad y su popularidad, fue una elección muy habitual. He aquí algunos ejemplos.

Revista Punch - En tiempos de guerra, el cartel advierte a los pasajeros de evitar comentarios que puedan dar información a los enemigos; al comentario del extranjero que busca conversación “Bonito rio, ¿es el Támesis?”, la señora responde “No estoy enterada”.

Revista Patufet – El dibujante Salvador Teixidor ironiza en 1904 sobre la desigualdad social con un niño desnutrido y otro muy lustroso: «Este niño paga billete entero porque hace un día que ha cumplido siete años. Pero éste paga medio billete porque le falta un día para cumplirlos.»

Revista Punch – Sobre el excesivo mimo de los perros: la dueña del animal pide a la otra dama que cambie su asiento con el chucho porqué le gusta que le de el aire de la ventana.

Almanch Vermot (Francia) 1948 –Lo siento, se me ha roto el reloj de pulsera

El tren como contexto y lugar común
Ya fuera del entorno estrictamente ferroviario, el tren ha sido usado como contexto, metáfora o elemento auxiliar en viñetas tanto satíricas como humorísticas.

Mingote (c. 1970): «Algunos lo ven todo menos el peligro.»

Viñeta alemana de 1899 en la que se usa un convoy para un tema, el de la muela resistente, que ha sido dibujada con infinidad de otros elementos. 

Revista Patufet del 4 de febrero de 1933.
De cuando las locomotoras hablaban. –Realmente, tienen razón las mujeres,. El caso es no perder la línea.

El norteamericano Mark Parisi también suele usar elementos ferroviarios como en esta viñeta de 2009

Chumy Chúmez – No solo muerta. ¡Esta vía ha sido asesinada! (c. 1970)

Revista Dígame – Sanchidrián (c. 1960)
–Con ése de una lámpara ¿cogerás muchas estaciones?
–Nada más que apeaderos

La afición ferroviaria
Los aficionados a las maquetas ferroviarias siempre suelen ser representados como niños grandes…


… tan obsesionados por su afición que ignoran al resto de su entorno (como en estas dos viñetas de Castanys)…



… y descuidan incluso su vida amorosa:

"En un minuto, querida. El de las 8:15 va con retraso otra vez."

lunes, 1 de junio de 2020

Snowpiercer: còmic, película y, ahora, la serie



Si en 1984 apareció la primera entrega de la novela gráfica con guion de Jacques Lob y dibujos de Jean-Marc Rochette y en 2013 tuvimos la versión cinematográfica dirigida por Bong Joon-ho (y de la que podemos leer la entrada correspondiente en este blog aquí), ahora nos llega, vía Netflix, la serie dirigida por Graeme Manson y producida por TNT.

El título francés original del cómic es Le Transperceneige, Rompenieves en español y Snowpiercer en inglés. En 1999 aparecieron las partes segunda y tercera del cómic, con guion de Benjamin Legrand porque Lob había muerto nueve años antes, pero la calidad de esos dos volúmenes es claramente inferior al primero, y esta es la razón de que película y serie se basen casi exclusivamente en éste último.

Los "colistas"

El arranque argumental es sólido y marca la clara intencionalidad de fábula política de la historia: en un intento fallido de revertir el calentamiento global, la tierra se ha helado hasta el núcleo y la humanidad superviviente viaja en un tren de 1001 coches que no se detiene nunca. En él, las personas viajan divididas en clases sociales. El héroe es un paria de los vagones de cola que intenta revertir la situación con la ayuda de una activista de las clases superiores. Como temas colaterales aparecen el culto a la locomotora, diversas historias personales, las formas de vida de las élites y las curiosidades del funcionamiento de este mundo cerrado sobre raíles.

El detective y la jefa

Si Bong Joon-ho consiguió mantener el espíritu del comic y fue capaz de hacer verosímil la acción dentro del tren, la serie, para justificar su duración, necesita introducir una trama policíaca. Un “colista”, que era policía antes de la catástrofe, es requerido por la autoridad del tren para resolver un crimen; el acepta con la expectativa de poder ayudar a la revuelta de los de su clase.

El tema de la serie es la diferencia entre clases sociales, la opresión, el desclasamiento, el afán de poder. El escenario es un tren como podría ser-lo un buque o una nave espacial. El tren es un puro contenedor, pero también es una metáfora. Habrá que ver cómo se despliega la serie, pero, ya de entrada, cuestiones argumentales al margen, los aspectos ferroviarios no son muy convincentes. 

El convoy: la novela gráfica y la película mantienen el punto de vista del lector/espectador encajado en un tren de manera creíble, sin embargo, en la serie, parece que algunas escenas ocurran en un edificio de amplias plantas y no en un tren en movimiento. La sala de los maquinistas contrasta, por su lograda ambientación tecnológica, con lo poco ferroviario del resto de vagones. Interesante el corredor inferior de servicio.

La energía: el cómic nos presentaba una locomotora con un motor de movimiento continuo, en la película le llaman de movimiento eterno, para el caso es lo mismo: es un recurso inverosímil que la ciencia-ficción rigurosa hace muchos años que abandonó.

La cabina de conducción

El motor: En la película, el motor tiene su desgaste y el dueño utiliza a niños de cinco años para substituir las piezas que se han estropeado. Es algo también inverosímil, pero que da dramatismo a la película y desencadena el final. Veremos que nos propone la serie. 

Un maquinista