miércoles, 13 de mayo de 2015

Vida en el paso a nivel


Los pasos a nivel van desapareciendo de la geografía europea, tanto por la desafectación de líneas secundarias como porque los nuevos trazados ya no los preveen. Algunos quedan en vías principales, polémicos ellos, cargados de señales, carteles, luces y avisos acústicos, pero esa es otra historia porque lo que aquí nos interesa es el paso a nivel sencillo, local, atendido por un o una guardabarreras, accionado manualmente o, como mucho, con un mecanismo de manivela que sube y baja la barrera.

La película Grandes amigos (1966) de Luis Lucia contiene una escena que ilustra este tipo de paso a nivel. El tren se acerca, la mujer, viuda, acciona la manivela, la campanilla repica  y las barreras bajan, un coche por un lado y tres campesinos en burro por otro, se detienen sin prisa, con ganas de ver pasar el convoy. El fogonero le da un balón al maquinista para que se lo lance al hijo de la guardesa. Todos se conocen por los nombres de pila, se saludan, ríen y la vida continua.


El paso a nivel era un lugar de encuentro, donde acercarse a echar un pitillo y una charla y a ver a pasar unos trenes tan lentos que podía reconocerse a quienes los conducían. Pero no son un lugar de encuentro sólo para los humanos, en ellos la aristocrática vía férrea y la prosaica carretera se encuentran al mismo nivel, y aunque esta intenta hablarle de tu a tu a aquella, la vía le muestra a la calzada una y otra vez su superioridad, como pone de manifiesto esta tela del danés Laurits Andersen Ring.

Este cuadro de Eric Bottomley, un pintor inglés especializado en trenes, muestra como un paso a nivel en Hull se convierte en improvisado lugar de reunión: el ciclista habla con el repartidor de la furgoneta, los peatones hacen tertulia.


Pero no todos los pasos a nivel están junto a los pueblos, ni todas las horas del guardabarreras están llenas de conocidos que acuden a charlar, ni de habituales que pasan, a menudo la soledad es la única presencia y esto es lo que captó el ya citado L. A. Ring en esta tela de 1884.


Hay unos pasos a nivel aun más humildes y recoletos, son los pasos sin barrera. Son cruces con pocas probabilidades de encuentro, acaso un tractor con un convoy de carbón, o un coche de excursionistas con un tren local superviviente. Son pasos a nivel que desprenden desolación, como los cuadros de Edward Hopper, que pinto varios de ellos, como este Dauphinee House (1932).


Ocasionalmente se producen encuentros en estos pasos remotos, como de la película El secreto de los incas (1954), donde una dresina y un camión coinciden en un paso a nivel de México obstaculizado por un burro. El conductor de la dresina lo aparta, los humanos se saludan, continúan sus trayectos y el paraje queda de nuevo desierto, salvo por los equinos.

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