lunes, 16 de mayo de 2016

Caminos de hierro 2016


Esta serie de la fotógrafa rusa Nataliya Kharlamova (1978) titulada Train to Siberia ha ganado la 28ª edición del certamen fotográfico Caminos de hierro convocado por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. El valor de esta serie de fotografías yace en la invisibilidad del fotógrafo, propia de quien ha invertido tiempo y respeto en los espacios que fotografía. Además, se suma el mérito de haber fotografiado sin la posibilidad de planificar espacios, acciones y tiempos, circunstancia que dota las imágenes de un ambiente veraz con el que cualquier espectador puede imaginar sensaciones, olores, emociones, es decir, historias globales, más allá de la propia imagen.

Le pregunté a Natasha Kharlamova qué aspecto del ferrocarril llamaba más su atención al acercarse a él como fotógrafa y la respuesta fue absolutamente concordante con la serie con la que ha ganado el premio: “La gente es el tema que más me interesa como fotógrafa. Así que, ante todo, los trenes me interesan como lugares donde puedo observarla. Especialmente los coches de segunda clase de los trenes rusos donde puede haver 54 pasajeros viajando muy juntos en un espacio común durante varios días.


El segundo premio ha sido para Niebla, kilovatios y velocidad del argentino afincado en España Alejandro Caporale (1972). El aspecto fantasmagórico de la fotografía dista mucho de las tendencias saturadas, brillantes y súper enfocadas del retoque fotográfico que se lleva ahora influenciado por el mundo publicitario. Entre la fotografía de arquitectura y la de paisaje, establece un diálogo interesante entre el elemento natural, casi inválido en una esquina, y la imponente obra de hormigón de líneas rectas del viaducto.


El premio Autor Joven ha sido para la obra Búsqueda de la fotógrafa vasca Sara Berasaluce Duque (1992). Presenta un interesante juego de perspectivas, geometrías y un punto de fuga muy activo que invita a repasar a todos los personajes que aparecen en la fotografía. La iluminación clara del personaje femenino y su mirada acaba reclamando la atención del espectador porque sugiere un viaje íntimo y con un punto de nostalgia, un instante único que comunica toda una historia particular. Los colores asépticos y el ambiente impersonal, característico de un no-lugar como es un tren, contribuyen a lograr este efecto. 

Por los que respecta a los accésits, esta es la elección del bloguero, realizada con criterios de pura afición por el arte ferroviario:


La fotografía de Max Álvarez, que recoge el ensimismamiento de los viajeros, nos hace pensar en el fotógrafo japonés Daidō Moriyama del que hemos hablado muy recientemente.


La fotografía de Wilhem Scholz es atractiva por la composición, punto de fuga y geometrías. El tema parece a las antípodas de la obra de Weber, también referida en este blog.


Suspended de Simone Maestra tiene el encanto de, por un lado, ofrecernos una mirada elegante del tren y del puente y, por otro, el de ser una fotografía que hace pensar en un alzado de un plano técnico.

Al concurso, dotado con 16.000 euros, se han presentado 5.045 fotografías de 2.183 autores procedentes de 46 países, lo que supone un incremento del 100% tanto en número de fotografías como de participantes y países de procedencia de los mismos en relación a la edición anterior. Asimismo, en esta edición las fotografías se han presentado por primera vez en formato digital y, una vez realizada una selección, los autores elegidos las han enviado en formato papel.

Las obras podran verse durante un año en distintas ciudades de la península.

Esta entrada del blog ha sido redactada con la imprescindible e inestimable colaboración de la realizadora y fotógrafa Núria Nia.


martes, 3 de mayo de 2016

La despedida del maquinista Odd Horten

video

El protagonista de la película O’Horten (2007), del director noruego Bent Hamer, es el maquinista Odd Horten (Bard Owe), que toma la jubilación forzosa con 67 años y cuarenta de servicio. La película empieza con su último servicio Oslo – Bergen – Oslo y la fiesta de despedida que le ofrecen en la asociación de maquinistas, que incluye un concurso de reconocer sonidos ferroviarios y el saludo de guerra de sus miembros que puede verse en el video.

La cinta tiene un ambiente naif y lleno de ternura hacia un hombre al que acaban de jubilar de una profesión que es todo su mundo. Vemos sus paseos por la ciudad de Oslo durante los cuales recupera recuerdos infantiles, sabe de la muerte de viejos conocidos, hace amistades insólitas y, como no podía ser de otra manera, no puede resistirse a acudir al depósito a visitar las locomotoras. Poco a poco, Odd Horten va aprendiendo a disfrutar de su nueva situación y hace pequeñas locuras impensables cuando trabajaba, la más importante, ir al encuentro de la casera de la pensión en que pernoctaba en Bergen.

Valga este post como un guiño de agradecimiento a Pilar Lozano, que acaba de jubilarse como directora de la revista Vía Libre de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.