jueves, 16 de mayo de 2019

Los dibujitos estadísticos de Renfe en 1951


En 1951 Renfe (España) publicó un documento "para poner a disposición de la opinión pública elementos para juzgar cómo se está desarrollando el Plan de Reconstrucción, que, redactado de acuerdo con las instrucciones del Excelentísimo señor Ministro de Obras Públicas, aprobó el Gobierno en fecha 20 de mayo de 1949". El plan hacía previsiones sobre reconstrucción de puentes, reforzamiento de vías, restauración de material, reducción de retrasos, acortamiento de los ciclos de los vagones, etc.

Los historiadores del ferrocarril en España han analizado en profundidad este plan, su cumplimiento y sus consecuciones, lo que hacemos hoy en este blog es fijarnos en una frase de la presentación: "En los antecedentes, gráficos y fotografías que se acompañan, podrá encontrarse cuanto se refiere al Plan en su conjunto y a sus consecuencias en el servicio." Y de estos elementos ilustrativos tomaremos los gráficos. La publicación contenía muchos datos estadísticos presentados mediante tablas, histogramas y curvas en sistemas de coordenadas, y en estas tabla se añadieron ilustraciones. También se completaban con dibujos algunas de las páginas descriptivas, a continuación se reproduce una pequeña muestra de ellos con indicación del capítulo al que pertenecen. En su conjunto, reflejan una estética que era común a la mayoría de ilustraciones estadísticas, algunas de las imágenes son neutras, pero otras, más allá del dato numérico transmiten la mentalidad de la dirección de la compañía en la época, como por ejemplo, la visiónradial de la red o la prestación de asistencia espiritual a los empleados.

Reconstrucción de la vía



Automotores térmicos


Parque de vagones 


Relaciones


Reducción de retrasos en los automotores


Formación



Atención sanitaria



Atenciones espirituales

 

miércoles, 1 de mayo de 2019

La estación del olvido. Ferrocarril en la provincia de Granada.

El fotógrafo Alberto Sánchez López ha publicado un volumen, titulado La estación del olvido. Ferrocarril en la provincia de Granada (Editorial Márgenes, Granada, 2018), en el que muestra su recorrido por todas y cada una de las estaciones de tren de esta provincia. Las líneas a las que corresponden son Baza – Guadix (clausurada desde 1985), Linares-Almería, Moreda-Granada y Bobadilla-Granada (cerrada al tráfico desde 2015).

Se agradecen los dos mapas, uno de detales de las líneas y estaciones del trabajo y otro donde se aprecia la situación de la red granadina con respecto al resto de la península. 
Cada estación o elemento de ingeniería fotografiado tiene un pie con un breve párrafo que da noticia de sus características, otro con su localización y altura sobre el nivel del mar y datos estadísticos de los pueblos a los que da o daba servicio, pero se echa en falta un poco más de información técnica. En cualquier caso, estamos delante de un libro de arte, no de un manual técnico. 

Las estaciones que están fuera de servicio han sido fotografiadas en blanco y negro, lo que les da dramatismo. Los encuadres de los edificios, los andenes y las vías son diversos y bien escogidos. En algunos casos, se incluyen fotografías de material rodante depositado en vías laterales o de locomotoras preservadas. Destaca el minucioso trabajo con los cielos.
 En definitiva, un magnífico álbum a tener en la biblioteca del aficionado.

lunes, 1 de abril de 2019

Mafalda va en tren


Esta tira de Joaquín Salvador Lavado 'Quino', dibujada en los años sesenta del siglo pasado, nos muestra a la inefable Mafalda regresando de vacaciones en un tren. Como tantos viajeros, descubre la analogía entre la ventanilla del tren y una pantalla: "Mirar por la ventanilla del tren es como ver el país por la televisión," dice orgullosa de su descubrimiento mientras sus padres duermen con placidez. Pero lo que ve a través del cristal, un poblado muy humilde, no es de su agrado: "Lástima que la televisión tenga mejores programas que el país."

El lugar de vacaciones de Mafalda y familia es Zapala, en la línea de Roca, sin servicio de trenes desde que se cerró "el zapalero". Cuando bajan en la estación para continuar el recorrido de los lagos con autobús, Mafalda corre a despedirse del tren y a disculparse por el déficit.


En otra tira, Mafalda le comenta a su padre lo que va viendo a través del cristal. "¡Es todo tan lindo!… ¡Sembrados y sembrados!... ¡Eh!... ¡Y vaquitas!..." Pero de nuevo la realidad se planta delante de la ventanilla: ¡Oh!... ¡Y esa pobre gente!... ¡Qué ranchito miserable!..." A lo que el señor que viaja en el asiento de atrás, con cara de pocos amigos y aspecto de restriñido, objeta: "¡Pintoresco, nena, pintoresco!"


En otra ocasión, circulando por una llanura desangelada, Mafalda comenta: "Por esta zona el panorama se pone un poco trise ¿No, papá?" Cuando su padre le cuenta que aquella zona no es fértil en agricultura sino en petróleo, la niña sentencia: "¿Petróleo? Sí, claro. Y más de una vez en esta zona el panorama se pone un poco espeso ¿No, papá?"


Los trenes de Quino no son ni temporales ni universales, son muy argentinos y muy del siglo pasado. En un dibujo mucho más tardío, fuera de la serie de Mafalda, el dibujante da su visión sobre la situación del ferrocarril en el país.

sábado, 16 de marzo de 2019

Trenes, latidos y trayectos


La revista de pensamiento y creación El rapto de Europa incluye en su número 39, correspondiente al mes de diciembre de 2018, una monografía titulada Trenes, latidos y trayectos. 

El escritor Ernesto Pérez Zúñiga (Madrid, 1971) abre la sección con un relato, El tren o la nada, que vale la revista entera. Es un texto que rezuma fascinación por el ferrocarril y que demuestra que sigue siendo un territorio fecundo para la creación literaria. La voz narrativa describe los orígenes de su interés por el tren y como le ha acompañado en su crecimiento personal. En el texto pueden reconocerse referencias literarias y cinematográficas que enlazan con las aportaciones del autor al lenguaje literario referido al mundo ferroviario. Dos ejemplos: las primeras líneas del texto y el penúltimo párrafo.
Cuando ya no existían los milagros, aparecieron los trenes. Cruzaron áridas llanuras y las montañas de la separación. Sé que aparecieron para cruzar la soledad y también para cruzar al otro lado de la soledad.
Esperé en la estación toda mí infancia. Los miraba llegar, marchar. Volúmenes que cargaban y descargaban historias. Vagones como libros. Hombres con maletines. Mujeres con sombrero. Yo deambulaba por la estación como todos vosotros, mirando las vías, entendiendo los rieles de acero y los travesaños. Objetos para deslizarse más allá de uno mismo, de la madriguera de paredes hastiadas. Railes vados hasta que eran ocupados por el gigante que se iba aproximando. Uno ponía los oídos en el aire como los indios de las películas escuchaban el suelo. Entonces aparecía el animal de hierro.
(...) 
Desde ese momento y para siempre supe, como vos otros sabéis, que los trenes trenzaban historias de amor. Trenes con amantes que atraviesan los puntos cardinales y los nombres de todas las ciudades. Trenes que cuentan el segundero de cada travesaño en la misma vía, trenes que cuentan colinas, ríos, bosques, llanuras, árboles de la resistencia. Trenes que cuentan el paisaje vacío, por muy lleno que esté. Trenes que atraviesan túneles en el cielo, nubes en el vientre de las montañas.
El segundo texto, del arquitecto José Rivero Serrano (Ciudad Real, 1951), Fábrica de sueños despiertos, es un ensayo sobre el significado social y estético de las estaciones de tren de los siglos XIX y XX y un análisis de como la tecnología se hace presente en el espacio público.

El poeta y escritor Emilio Quintana Pareja (Granada, 1964), presenta un trabajo académico, Nana de Herrera en el tren de Abo, que tiene este esclarecedor subtítulo: El ferrocarril como elemento intermediador en la poesía nórdica de vanguardia.

De la mano del crítico de cine Adrián Esbilla, en La canción de los raíles, el lector hará un recorrido por las principales películas con presencia relevante del ferrocarril.

Finalmente, la médico Lehdía Mohamed Dafa, en A bordo del "Tren de hierro", narra su viaje en tren por Mauritania en 2005 de camino a los campos de refugiados saharauis, un relato que trasciende la simple concatenación de anécdotas del viaje.

viernes, 1 de marzo de 2019

Los relatos ferroviarios de Sergio Raúl Flores


Durante un reciente viaje por la Argentina, me cité en Salta con el escritor Sergio Raul Flores (Salta, 1949), autor de un libro de relatos de tema ferroviario titulado Historia sobre rieles (2018).

EL ESCRITOR

Sergio Raúl Flores es un hombre tranquilo, afable, que recibe al extranjero que se presenta de forma desenvuelta y expansiva con la reserva habitual en los habitantes de esta región tan alejada del tumulto porteño. Sus ojos brillan de satisfacción, no cada día llega de España un novelista y escritor de tema ferroviario queriendo entrevistarle.

Flores ha trabajado en la banca, como profesor de historia en la secundaria y, actualmente, es catedrático de Introducción a la cultura en la escuela de arquitectura de la Universidad Católica de Salta. Entusiasta ferroviario, recorre todas las estaciones de su entorno y extrae de ellas toda la información histórica, antropológica y artística disponible. El fruto de esta actividad incansable lo recogió en 2011 en el volumen Mis trenes, crónicas de viajes y un poco de historia.

LA OBRA

Los relatos de Historia sobre rieles oscilan entre la ficción, el memorialismo, el costumbrismo y la crónica histórica. A menudo, los relatos se arman a partir de una mínima excusa ferroviaria: una estación aislada, un tramo de vía abandonado o un viejo poste de señales sirve para desplegar el hecho histórico, la anécdota o la fantasía que se desea contar.

En sus relatos hay apariciones de vírgenes, demonios de carnaval que tiran al pozo al viajero y arcángeles arcabuceros que lo salvan, historias de amor nacidas en un andén, perros que salvan trenes de una catástrofe, libros esotéricos que llegan a la biblioteca creada por una maestra traídos por un inquietante personaje, viajes en tren que emulan fragmentos de la Divina Comedia, anécdotas de ferroviarios, episodios de la guerra… El libro incluye una noticia final sobre el museo ferroviario desparecido de Salta con el que colaboró como voluntario.

He aquí un fragmento del relato Tito el muchacho de Saujil con el que se identificará cualquier aficionado:
Tito se quedó solo y ya por esos tiempos corría la voz que el ramal se iba a cerrar y él no sabría qué hacer “sin sus queridos trenes”. La tierra le había brindado su sustento, pero sus seres queridos ya no estaban allí, era el momento de emigrar y si fuera posible donde los trenes seguirían corriendo por eso es que un día llegó a Tucumán.

Tito solo cursó la primaria, pero se sentía fuerte para trabajar en lo que sea y si era cerca de una estación ferroviaria mejor. Buscó un lugar donde vivir con el dinero que pudo reunir cuando liquidó sus posesiones a un vecino de Saujil. Tras el duro trabajo en el Mercado de Abasto de la ciudad de San Miguel de Tucumán se dirigía a la estación del bajo del Ferrocarril Belgra- no donde cada día pasaba el famoso Cinta de Plata y muchos trenes de cargas sobre todos los cañeros.

Un día fue observado por un hombre de edad que resultó ser un ferroviario jubilado, que como él tenía la necesidad de ver diariamente los trenes. Y acá cambió su vida ya que el destino le tenía preparado otro futuro. El viejo ferroviario le anotició que en los talleres ferroviarios de Tafí Viejo estaban tomando operarios a prueba. Y hacía allí partió Tito con la gran esperanza de cumplir con su sueño de la niñez.

domingo, 17 de febrero de 2019

Los dibujos de locomotoras de Emilio Freixas


Emilio Freixas Aranguren (1889-1976) fue un dibujante, autor de cómic y profesor de dibujo. Trabajó para revistas como El Hogar y la Moda y Lecturas, en la Editorial Molino ilustró numerosos cuentos y creó os personajes de cómic El capitán misterio y El murciélago humano. En 1950 se dedicó exclusivamente a sus carpetas de lecciones de dibujo ("Método Freixas de dibujo") de las que publico unas 60. Una de ellas, la serie 29, estaba dedicada al ferrocarril.
He aquí una muestra de sus dibujos:







viernes, 1 de febrero de 2019

Jolgorio en el Tran-vía (1884) según Fernando Martínez


En 1884, Fernando Martínez Pedrosa (Madrid, 1830-1892) publicó con éxito un libro de relatos de sátira de costumbres titulado Perfiles y colores. Uno de ellos está ambientado en un tranvía. Las ilustraciones que lo acompañan son de Ángel Lizacano. Los temas que toca son los habituales en la prensa satírica de la época cuando hablan de tranvías: las aglomeraciones, los descarrilamientos, la relación entre los viajeros, la picaresca para no pagar bilete, los modales de los empleados y la aventura galante que puede saltar en cualquier momento.

EL TRAN-VÍA 

–Ya viene, ya viene por allá arriba. ¿No ve V. el farolito colorado? Dos horas de plantón, y si ahora viene lleno...

–Mire V., ya ha vuelto a detenerse para que suba una familia. Nos quedamos a pie sufriendo otra espera de un cuarto de hora.

–Es una invención buena, pero tiene sus contras.

–¡Vamos, que eso de andar en coche por dos perros!

–Sí, pero no se disfruta, porque dura poco...

–Ello es que nos acostumbramos y es un chorrillo.

–De calzado se ahorra.

–¿Y el que nun gasta calzadu?

–Se lo ahorra de pies.

–Ya está aquí.

–¡Que pare! ¡que pare!

–¡No para!

–Hombre, pare V. ¡Eh, mayoral!

–¿No ve V. el letrero de «completo»? ¿Dónde tiene usted los ojos de la cara?

–En su sitio. ¡Habrá desvergonzado!

–Ya no hay quien le pille; va echando demonios.

–Da gusto verle correr.

–Sí, y de mojarse: ya está chispeando.

–¡Ya viene otro!

–¡Qué casualidad! este no viene retrasado; siempre se retrasan con los cruces, las paradas y el subir· bultos.

–Hija, es que todo el mundo quiere ir cornada y llegar pronto, y luego se tarda mas que si se fuera andando.

–El andar es tonto; el refrán lo dice: «eres más tonto que el andar a pie.»

–Ya está ahí el coche.

–¡Alto!

–Toque V., hombre, y que pare en el paso, porque con estas cuatro gotas nos vamos a llenar de lodo.

–¿Hay asiento?

–Sí, de pie.

–Allá. voy. Buenas tardes tengan Vds... ¡Que me caigo!

–¡Vaya un baleo!

–Dispense V., caballero, si me he sentado encima de V.

–¡Con mucho gusto! (¡es guapa!)

– Yo me mareo en seguida, en estos diantres de coches... ¡Ay!... dispense V. que me apoye ...

–Siéntese V. en mi puesto (Se levanta).

–No se incomode V. (Se sienta en el sitio del otro). Como estoy tan gruesa ... ¡y V. va á ir molesto! ¡Cuánto lo siento, caballero!

–¿Hay sitio para esta otra señora?

–(¡Que fea!)

–(¡Parece una cocinera!)

–Que pase á la plataforma.

–¡Qué finos son estos caballeros!

–Señores; a la plataforma, que nos van á baldar con una multa.

–Cobrador, haga V. el favor de decir que se corran.

–Si van ocho...

–Pues que corran los ocho. –Pues ni se pican ni se corren. Están justos: diez y seis dentro y en las plataformas...

–¡Sardinas!

–¿Cuánto es?

–Quince céntimos.

–¿Hasta dónde?

–Hasta la Puerta del Sol.

–¿Desde cuándo?

–Desde siempre.

–Pues antes eran cuatro cuartos: se habrán subido los asientos.

–¿Son peras?

–Yo voy con mi niño. ¿Paga el niño?

–Quince céntimos,

–Tan chiquitín! ¡Si apenas tiene quince años! ... además le llevaré encima.

–Lo mismo paga encima que debajo.

–¡Usted me falta! Le tomaré el número y daré una queja ....

–El 28.

–¡Nos veremos, señor de 28!

–¿Se sofoca V?... ¡Cibeles!

–¿Quieren ustés callar y bajar y subir pronto? Vamos, que es tarde; que viene el otro coche hecho una pólvora.

–¡Plim!

–Que esperen, hombre, que no he subido!

–Que está enganchada una señora!

–¡Pues que la aúpen!

–¡Plim!

–¡Anda, anda!

–¡Que meneo!

–¡Que barbaridad!

–¡Ave María!

–¡Vamos bailando la polka!

–Señora, dispense V. si me echo encima!

–No hay de qué; como estoy tan gruesa tropiezo con todos.

–(Al paño).–¿Va V. lejos?

–A la calle de la Visitación.

–¿Numero?

–Dos.

–Pues si vive en la Visitación habrá que visitarla.

–Uf, qué calor! Allí tiene su casa y una servidora.

–¿Es V. sola?

–Sí.

–Pues yo haré el dos.

–¿Qué ruido es este?

–¿Qué pasa?

–Nada, que vamos descarrilados.

–Pongan Vds. las manos para no estrellamos unos contra los otros.

–¿Mañana?

Señal afirmativa.

–¿A qué hora?

–A las dos.

–Ya hemos entrado en carril.

–Diga V., conductor, ¿estamos ya en caja?

–V. lo sabrá. ¡Hasta maldita sea la vía que está llena de tropiezos! Caballero, quítese V. del torno que le voy a dar un revés en el estogamo, ¡Estoy más quemao! Es que naide tiene consideración con el ganao ni con uno! ...

–Pues no es tan malo el oficio de ir siempre en coche.

–Aquí le quisiera yo ver a usté de cara al sol o recibiendo guaniás del aire! Diez horas llevo como si me hubieran pegao con liga. Quite usté, hombre, que paece uno la estauta de Cervantes mal comparao; siempre tieso y siempre de pie. Tós se quejan y uno ná, clavao y... tocando el pito. ¡Y luego cuando uno va a sentarse se encuentra uno con los tendones engarrotaos! ... ¡Macho! ¡Macho!

–¡Cobrador!

–Señora.

–Cobre V.

–Está pagado.

–Habrá sido este caballero.¡Mil gracias!

–Pagó otro caballero joven, que ya se ha bajado.

–Como estoy tan gruesa me cuesta trabajo sacar el bolsillo. Sería algún amigo.

–Yo no puedo pagar á V. porque como voy colgado ...

–Por mi va V. así ! y gracias a la correa.

–Aquí hay correa para todo. Ya veo que tiene V. amigos paganos.

–Eh, cobrador, ¿dónde estamos? ¿Me lleva V. al Pacifico?

–No señora, a la Galera.

–¡Jesús! Pare V., pare V., que he equivocado el camino.

–¡Plim!

La señora gorda baja, el coche anda, el caballero se tira, se tambalea y cae sobre el adoquinado. ¿Se habrá roto algo? ¡Bah! ¿Que haya un cadáver más, qué importa al mundo?

Ya suben y bajan y entran y salen y vienen y van, los asociados al minuto, la humanidad errante, los pasajeros del tran–vía: de ese gabinete de contemplación y conversación; de ese almacén ambulante, casa que anda, baile de ruedas, biblioteca de anuncios verdes y colorados; conjunto churrigueresco, pisto, mosaico, cuadro del Greco; locomoción que tan eficazmente contribuye a resolver el problema de vivir de prisa para llegar antes de haberse muerto, a la última estación de la vida.



martes, 15 de enero de 2019

Los trenes de Lyonel Feininger


Lyonel Feininger (Nueva York, 1871-1956), que residió en Alemania hasta el ascenso del nazismo, fue una figura destacada del expresionismo y profesor en la Escuela de la Bauhaus. También cultivo la caricatura, el dibujo, la tira cómica, la fotografía y la composición musical. Tocó temas urbanos y se interesó por las consecuciones de la tecnociencia: molinos, buques, viaductos y ferrocarriles.


En las pinturas, sus ferrocarriles suelen estar contextualizados: aparecen circulando por viaductos, detenidos en estaciones acompañados de personal o dando servicio a fábricas de gas. En algunas ocasiones representa material histórico.  




Los dibujos son una cosa distinta: en algunos casos también están contextualizados, pero en otros son esbozos rápidos que nos hablan de su fascinación por los trenes y por el quehacer de los ferroviarios.





Una curiosidad final, por los mismos años que Joaquín Torres-García intentaba colocar en el mercado sus juguetes de madera, Feininger realizó unos trenes a partir de mangos de escoba de madera.

miércoles, 2 de enero de 2019

Fascinados por los mecanismos de distribución


Hay temas de arte ferroviario que, aunque poco frecuentes, no dejan de captar la atención y la curiosidad del aficionado. Uno de estos temas singulares son los mecanismos de distribución, pero no son los únicos. Caracteriza este tipo de imágenes el hecho de que el foco de la obra está concentrado sobre un detalle del universo ferroviario, que es representado de manera aislada. Hay telas y fotografías que se concentran en señales, aparatos de vía, faroles, testeros… En todos los casos el elemento se aísla y se estudia por su valor simbólico o formal. Veamos cómo pintores y fotógrafos se han dejado fascinar por los mecanismos de distribución.

Hermann Pleuer (1863-1911) pintó en 1905 el óleo Las ruedas rojas, el que abre esta entrada, que puede ser considerado un precursor. Este pintor impresionista alemán tocó el tema ferroviario en muchas de sus obras, pero fue en ésta en la que se dejó llevar por el encanto de un elemento mecánico aislado.

Con la llegada de las vanguardias artísticas, los mecanismos entraron de lleno en el arte. La fascinación por las locomotoras, los automóviles y los aeroplanos aparece en el manifiesto fundacional del futurismo y su influencia en el arte es inmediata. La vemos en Rolling Power (1939) de Charles R. Sheeler (1883-1965), que no estuvo adscrito a este movimiento. 


También influyó en la fotografía, como podemos ver en las que realizó Gabriel Casas Galobardes (1892-1973) en los años 30 del siglo pasado. Se trata de un fotógrafo que trabajó para MZA y que en muchas ocasiones dejaba de lado la fotografía documental para explayarse con composiciones singulares.


Hay que esperar sesenta años, los que tardó el hiperrealismo a hacerse un lugar en la escena plástica, para encontrar de nuevo el tema en la pintura. El pintor británico Brian Sefton (1938-) y el español Javier Banegas (1974-) son dos buenos ejemplos de este retorno. Contemplando sus óleos y sus acrílicos podemos seguir el funcionamiento de la distribución: bielas y manivelas, contrapesos, levas y articulaciones son representadas con exquisita precisión. 



En el terreno fotográfico, muchos autores siguieron este camino, como es el caso de Santiago Vila-Puig Codina (1931-), galardonado en Caminos de hierro, por su trabajo Rueda y biela (1986).


El toque cálido lo pone la obra Woman with locomotive (2009) del canadiense Gary Giacomelli. En ella se nos propone poner en contraste la máquina y el cuerpo humano, el frio del acero y el calor de la carne. Este tema también ha sido explotado por la fotografía erótica del alemán Stefan Döll.


En el fondo de todas las obras que hemos visto, yace la fascinación por las máquinas que tienen formas antropomórficas; las bielas y las manivelas son como prolongaciones de las extremidades humanas o construcciones hechas a su imagen y semejanza. La fuerza de la sangre se ve multiplicada por la del vapor. Pocas imágenes como las de los mecanismos de distribución captan tan bien la idea de que la tecnología es una prolongación del ser humano.