lunes, 15 de junio de 2015

Humor en el paso a nivel

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Las situaciones dramáticas pueden ser cómicas según como se presenten, y ésta es una de las potencialidades del cine. En 1965, cuando el Blue Pullman era la joya de la corona ferroviaria británica, se utilizó para una escena cómica en The Early Bird (1965) en la que atropella un carro de lechero en un paso a nivel.

Con un humor de trazo un poco más fino, en Octopussy (1983), de la saga James Bond, hay una escena situada en un paso a nivel. 007 persigue al general Orlov y a sus secuaces hasta una estación de tren de la antigua República Democrática Alemana donde los hombres del general se disponen a enganchar al tren del circo de Octopussy un vagón que lleva escondido en su estructura un alijo de joyas que ha de servir para financiar sus tejemanejes. El tren parte con todo el elenco del circo, pero James Bond no ha podido subir a él porque lo ha retrasado su enfrentamiento con los hombres de Orlov, de manera que decide robarle el coche al general y perseguir el tren por carretera. Al rebasar un control policial, la barrera de púas destroza los neumáticos y, en el siguiente paso a nivel, Bond da un golpe de volante, coloca el coche sobre la vía y se lanza a la persecución del tren. Oh, coincidencia, la distancia entre los centros de las llantas del coche coincide exactamente con el ancho de vía.


Sjef Van Oukel, el personaje de cómic de Theo Van den Boogaard y Wim T. Schippers, protagoniza un episodio en un paso a nivel. Con su insufrible carácter, después de dar la vara a los que esperan ante la barrera, salta a la vía a la llegada del tren para tomar una muestra de unos insectos con el resultado que se puede ver.

 

Puede decirse que las dos filoxeras hacían el amor en el paso a nivel, y de eso hablaremos en la próxima entrega.

Para acabar esta entrada, he aquí algunas viñetas cómicas con el paso a nivel como protagonista:


miércoles, 3 de junio de 2015

Drama en el paso a nivel


Hoy, el mundo ferroviario celebra la 7ª edición del ILCAD (International Level Crossing Awareness Day), una jornada dedicada a la sensibilización sobre la seguridad en los pasos a nivel. Es el día apropiado, pues, para retomar la serie sobre ellos.

La posibilidad o la inminencia de un accidente en un paso a nivel tiene una gran fuerza dramática porque las consecuencias no serán menores. Desde sus inicios, el cine mudo plantó su cámara ante un paso a nivel para poner en vilo el corazón de los espectadores ante la inminencia del desastre: ¿logrará el automóvil donde viaja la chica cruzar la vía sin ser atropellada por el tren o será alcanzada por los villanos?


También en el cómic el paso a nivel ha propiciado secuencias de suspense. Tintín era especialista en salvar el tupé in extremis, reléanse sino Tintin y los soviets, La oreja rota o El asunto Tornasol.


Gerhart Hauptmann escribió un drama magistral entorno a un paso a nivel en la novela corta Bahnwärter Thiel (1888, El guardavías Thiel), que narra la degradación mental del guardavías Thiel desde el momento en que muere de parto su esposa y, para no tener que dejar a su hijo Tobias al precario cuidado de una anciana de la vecindad, se casa con Lene, una vaquera del pueblo. Thiel adora secretamente en su garita a su primera esposa muerta, al tiempo que lidia con Lene, que resulta ser una mujer ardorosa y sexualmente dominante que maltrata a Tobías des del momento que alumbra a su propio bebé. La muerte de Tobías, atropellado por una locomotora en el paso a nivel en un descuido de Lene, precipita el derrumbe psicológico de Thiel que, en un ataque de locura, mata a su esposa y a su hijo.


Volviendo al cine, más dramática es, si cabe, la situación con la que se encuentra el protagonista de Rails & Tails (2007, Raíles y lazos), dirigida por Alison Eastwood, que se inicia con una escena en la que un maquinista de un tren de viajeros, lanzado a más de cien kilómetros por hora, debe tomar una decisión crucial. Una mujer decide suicidarse estacionando su coche, con ella y su hijo dentro, en un paso a nivel a la salida de una curva. Cuando el maquinista ve el coche, debe decidir en décimas de segundo si aplicar frenos en plena curva con riesgo de una catástrofe mayor o arrollar el coche. El tren atropella el coche, del que en el último momento salta el niño, y la compañía inicia la correspondiente investigación. La decisión del maquinista es aprobada por el comité, pero la película va por otros derroteros: la relación entre el huérfano, el maquinista y su mujer, enferma terminal de cáncer.

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Visto lo visto, no sólo no es de extrañar que hoy sea el ILCAD, sino que a uno le dan ganas de no tomar ninguna carretera con pasos a nivel y viajar cómodamente en ferrocarril.