lunes, 10 de diciembre de 2012

Los trenes de James Bond


Ahora que aun está en las carteleras la última entrega de la saga James Bond, es el momento de revisar Skyfall con ojos ferroviarios. En esta ocasión, el tren no sólo está presente, sino que participa en la habitual trepidante escena inicial. El agente al servicio de su majestad utiliza una excavadora, cargada sobre un vagón plataforma del tren, para alcanzar la rama que se le escapa. La escena es tan espectacular y lograda, que incluso ha sido utilizada en los tráileres promocionales. La secuencia del trayecto del tren sobre el que Bond pelea con el agente extranjero fue filmada en Varda (Adana, TK) e incluye el viaducto ferroviario construido por intereses germanos en 1912.

La segunda aparición del tren en esta cinta tiene su escenario en el metro de Londres. 007 correrá por los túneles, andenes y vericuetos del tube, estará a punto de ser arrollado por un convoy y, finalmente, se salvará cuando el malo de turno le lanza literalmente un tren encima. La cámara se recrea en la estética caduca y nostálgica del metro londinense, como ya había hecho en Die Another Day, cuando utilizó la imaginaria estación en desuso de Vauxhall Cross para ubicar unas dependencias del MI6.



lunes, 3 de diciembre de 2012

Pacific 231 de Jean Mitry


En 1946, la SNCF dio toda clase de facilidades para la filmación del cortometraje Pacific 231 de Jean MitryLa banda sonora era el movimiento sinfónico del mismo nombre compuesto en 1923 por Arthur Honegger. El texto inicial del corto aclara que “este film no es un documental sino un intento de crear una atmósfera asociando impresiones visuales y sonidos familiares, entretejidos con una partitura musical”.  Tanto la partitura como la cinta han ganado con el paso del tiempo. Son sólo 9 minutos y 20 segundos, pero concentran toda la herencia que Honegger y Mitry habían recibido sobre el tratamiento artístico de una locomotora en movimiento. El corto puede verse completo aquí.

martes, 16 de octubre de 2012

Fernando Pessoa y el ferrocarril




Si hablamos de Lisboa y de viajar hasta ella en tren, es inevitable pensar en Fernando Pessoa. El ferrocarril aparece en su obra como los semáforos entre la niebla, como reconfortantes y atrayentes puntos de luz coloreada en medio del desasosiego. El tren, y el viaje en él, es utilizado por varios de los heterónimos del autor.
La metáfora del corazón como tren de cuerda del poema Autopsicografia (Esse comboio de corda / Que se chama coração) ha dado mombre a antologías, blogs y poemarios.
En El libro del desasosiego, el tren de juguete es medida de valores absolutos (No hay imperio que valga el que por él se rompa la muñeca de una niña. No hay ideal que merezca el sacrificio de un tren de juguete).
La conversación informal con un desconocido se transmuta en metáfora de la vida en Dije adiós al compañero de viaje (Nosotros, en el tren al que llamamos vida / somos todos casuales los unos para los otros)
El tren es el mirador para apreciar el paisaje en Alentejo visto de comboio y el medio escogido para un viaje de mucha más trascendencia en Víspera de viaje.

Víspera de viaje, campanilla...
¡No me avisen con excesiva estridencia!

Quiero disfrutar del reposo de la estación del alma que tengo
antes de ver avanzar hacia mí la llegada de hierro
del tren definitivo,
antes de sentir la partida verdadera en la boca del estómago,
antes de poner en el estribo un pie
que nunca aprendió a no emocionarse siempre que tuvo que partir.

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Homenaje o plagio?


En ocasiones nos divierte ver películas de segundo o tercer orden para descubrir agujeros en el guión, encontrar gazapos de montaje, reírnos con las situaciones inverosímiles o detectar plagios. Todo esto se puede hacer con el telefilme Evasive Action (1998, Evasión sin límite). Su argumento no es muy original: un grupo de convictos peligrosos transportados por ferrocarril escapan del coche de transporte de presos, se apoderan del tren, toman rehenes y luchan contra la policía que…


El telefilm se presta a nuestro juego porque, por tomar un ejemplo, a veces el convoy aparece con cuatro coches y, a veces, con cinco; o porque incluye perlas ferroviarias como esta: Cuando se desencadenan los hechos, el responsable del control de tránsito es un suplente de fin de semana con poca experiencia, se moviliza la policía y la guardia nacional, pero nadie de la compañía acude al centro de control ferroviario. Eso permite que el sheriff le ordene por teléfono:
–Ahora coge papel y lápiz
–¿Para qué?
–Cuando el tren baje la velocidad quiero que calcules donde parará exactamente.
–De acuerdo, pero tengo que decirle algo: nunca aprobé el álgebra.
Y que al cabo de un rato, el ferroviario diga:
–Shérif, está bajando la velocidad, 10 millas cada 20 segundos. Por lo tanto, si x es la distancia y la pasamos aquí y dividimos, no, multiplicamos… se detendrá cien yardas más allá del cruce con la calle Lincrot.

Al final, el tren se pasa de toperas en la Union Station de Los Ángeles. La primera imagen que reproducimos en la cabecera de esta entrada corresponde a Evasive Action, ¿Identifican la película de 1976 a la cual corresponde el segundo fotograma?

Pero fijémonos ahora en las dos imágenes siguientes: la estación es la misma e incluso los carteles son los mismos. Corresponde la primera a Evasive Action y la segunda a la cinta que… ¿se homenajea o se plagia?



domingo, 16 de septiembre de 2012

El exprimido tren expreso de Campoamor

Sorprende de este ejemplar del que reproducimos la portada, el contraste entre la tipografia, que anuncia la eclosión de las vanguardias, y la ñoñez del dibujo del tren, acorde con el romanticismo azucarado del poema.
El tren expreso de Ramón de Campoamor  (Navia, Asturias, 1817 – Madrid, 1901), es un poema en tres cantos publicado en 1871 que tuvo un éxito inmediato. El poema es de estilo tardoromántico, muy del gusto de la época de su publicación, y narra el encuentro en un expreso entre un hombre y una mujer, los dos desengañados de la vida y el amor, que deciden reencontrase al cabo de un año, después de dejar en barbecho su pasión.
El poema tuvo secuelas de todo tipo y que se prolongaron a lo largo de un siglo, entre ellas, la película El tren expreso (1955) dirigida por Leon Klimovsky con guión de Eduardo Borrás, y un documental (1983) del mismo nombre de Rosa Maria Almirall.
La portada reproducida pertenece a una edicion de los años veinte del siglo pasado, que inauguraba una colección de la Editorial Marco de Barcelona dedicada a escritores selectos, entre los que se encontraban Quevedo, Espronceda, Cervantes, Lope de Vega, Zorrila, etc., nómina que ayuda a comprender la consideración que llegó a tener Campoamor… y que sigue teniendo, porque es referencia segura en la mayoría de antologías sobre literatura y ferrocarril.

lunes, 6 de agosto de 2012

El corredor mediterráneo en once cuadros

En el artículo El corredor mediterráneo en once cuadros, se proponen once cuadros o ilustraciones, uno por cada provincia atravesada por el corredor. Las ilustraciones descritas y comentadas en la revista pueden verse aquí a mayor tamaño y resolución.













sábado, 30 de junio de 2012

La partida del tren, de Clarice Lispector (1920 – 1977)


Una mujer, Ángela, huye en tren de un marido demasiado cerebral e inteligente para vivir una vida más “orgánica” en la finca de sus padres. El tren es escenario de las reflexiones de la mujer mientras espera la partida del convoy y metáfora de la necesaria continuidad de la vida. El silbido del tren substituye el grito interior de la protagonista. El recuerdo de una lectura sobre el supertrén del futuro en Reader´s Digest le ayuda a reforzar su decisión de huir. Al final, cuando el tren parte, no haber bajado de él arrepentida es la prueba fehaciente de que ha sido capaz de tomar una decisión vital.

En la vida se sufre más si se tiene algo en la mano: la inefable vida. Pero, ¿y la pregunta sobre la muerte? Era preciso no tener miedo: ir hacia el frente, siempre. Siempre. Como el tren.
(…)
Ángela Pralini tenía los senos muy bonitos, eran su punto fuerte. Tenía los ojos con ojeras profundas. Ella aprovechaba el silbido aullante del tren para que fuese su propio grito. Era un berrido agudo, el suyo, sólo que vuelto hacia adentro.
(…)
Pero Eduardo era el supertrén. Súper todo. Ella conocía hoy el súper de mañana. Y no lo soportaba. No soportaba el movimiento perpetuo.
(…)
La prueba de quien soy es esta partida del tren.

viernes, 8 de junio de 2012

Portadas con vías


Unas vías de tren irrumpen en la portada por su base y convergen en su parte media o superior. En algunas vemos el destino, en otras la vía se pierde en el horizonte. En ocasiones, aparece junto a la vía una estación o una figura humana que esperan el paso del tren o acaso lamentan su partida. Tras portadas como estas esperamos encontrar novelas sobre el fluir de la vida, una historia personal, un sino ineludible. Las vías siempre contagian la sensación que el futuro está escrito, que uno no puede salirse de los raíles en los que el destino le ha encarrilado, a no ser que se quiera protagonizar una heroicidad, y ahí está la materia literaria.





 

viernes, 1 de junio de 2012

50 elementos de arquitectura e ingeniería ferroviarias

Con este título, el arquitecto Josep Olivé y el fotógrafo Javier García-Die, publican en la editorial Lectio - Cossetània (castellano y catalán) un volumen que documenta, ilustra y describe puentes, estaciones, torres de enclavamiento, túneles y otros elementos pertenecientes a la infraestructura ferroviaria catalana. En una introducción brillante, en la que se justifica con perspectiva histórica porqué los trazados de las líneas y la arquitectura de las estaciones son como son según sea su compañía de origen, se desvela una de las muchas intenciones del libro: “hacer tomar consciencia al lector, y siendo optimista, a las administraciones públicas, del valor del patrimonio ferroviario de qué disponemos en nuestro país i de la conveniencia de mantenerlo y respetarlo, tanto por su valor intrínseco, cultural, técnico, estético, artístico… como por su valor de servicio.”  La mirada de los autores, a un tiempo técnica y estética, diferencia este volumen de los que son puros inventarios.

martes, 22 de mayo de 2012

Yo serví al rey de Inglaterra


Yo serví al rey de Inglaterra es una novela de 1971 del novelista checo Bohumil Hrabal llevada al cine por Jiri Menzel en 2006. El mismo tándem escribió y rodó Trenes rigurosamente vigilados en la última década de los sesenta. Yo serví al rey de Inglaterra contiene dos escenas ferroviarias, una al inicio y otra cerca del final, que son un buen ejemplo de paralelismo y referencia intertextual.
 
La primera de ellas muestra los inicios del protagonista como vendedor de salchichas en la estación del ferrocarril de Praga. Cuando las despacha a los pasajeros montados en trenes a punto de salir, juguetea con el cambio hasta que el tren arranca y, tras correr para devolverlo, acaba quedándoselo. Durante unos segundos vemos al joven Jan correr tras el tren con la mano extendida como pretendiendo entregar el cambio. El estafado es un comerciante judío que después será su consejero.
 
Más tarde, cuando su esposa, una joven nazi, se enrola en el ejercito, el acude a despedirla a la estación. Cuando el tren militar parte, deja al descubierto un tren de deportados. Por el ventanuco con alambres de espinos se asoma el comerciante judío. La reacción del protagonista es coger un bocadillo y perseguir el tren con el brazo extendido para dárselo, pero una vez más no puede hacer su entrega, aunque esta vez sí que lo ha intentado con todo el corazón.

sábado, 12 de mayo de 2012

La escondida (1955)


video
Amor y muerte en el tren. Así puede etiquetarse esta escena de La escondida (1955). El tren que acaba de ser el escenario de una acción de guerra entre revolucionarios y federales, se convierte sin solución de continuidad en cobijo del amor. Maria Felix y Pedro Armendariz protagonizan la escena: las tropas rebeldes dirigidas por Félix han vencido a las del gobernador y han ocupado su tren. Los hombres de Félix han encerrado a Gabriela en el furgón correo y en él, sobre la alfombra de los casquillos la batalla, mientras se están enterrando los muertos, los dos amantes se reencuentran y pasan la fina frontera entre el amor y el odio.

jueves, 3 de mayo de 2012

El tren fantasma (México 1926)


El tren fantasma (1926) de Gabriel García Moreno cuenta la historia de un joven ingeniero perseguido por una banda de delincuentes que han saboteado el ferrocarril y secuestrado a la bella Elena, hija del jefe de la estación. Contiene escenas de peligro sobre trenes sin control y un argumento que recuerda producciones norteamericanas de esa misma época. Puede verse en línea en el sitio web de la filmoteca UNAM de México.

martes, 17 de abril de 2012

El pintor británico Terence Cuneo (1907- 1996)


El pintor británico Terence Cuneo (1907- 1996) compatibilizó los encargos corporativos (industria, autopistas, coronaciones y ejército) con su gran pasión: el ferrocarril; también en este terreno realizó encargos para los carteles de diversas compañías. Desarrolló varias destrezas para introducir el movimiento en sus cuadros figurativos: los pequeños escapes de vapor aquí y allí, el efecto de vibración en los contornos de la locomotora, la actitud de los hombres junto a la vía, el comportamiento del humo de la chimenea, el resplandor del hogar, chispazo entre la catenaria y el pantógrafo, todo es utilizado en la medida de lo posible para distinguir los trenes parados de los que están en movimiento. Puede apreciarse esta labor en las obras que se reproducen: A King at Dawlish (1975), Aqua Calda - King Richard III (1973) y Voltage versus Steam (1964).

lunes, 9 de abril de 2012

Cubiertas con trenes I

Coleccionar libros con trenes en la portada es una de las muchas variaciones de la afición ferroviaria. En los pasados años cincuenta era muy popular en Francia la colección de espionaje de la editorial Fleuve Noir y aun ahora sus volúmenes de bolsillo en rústica siguen pasando de mano en mano en las librerías de viejo físicas y virtuales. Sus portadas eran características y con los años han ganado en interés. He aquí una muestra.

Los trenes industriales de Sheeler

Charles Sheeler (1883–1965), pintor y fotógrafo americano, miembro relevante de las vanguardias de su país, tomo la industria y el paisaje industrial como uno de sus temas favoritos y, en este contexto, aparece el ferrocarril en algunas de sus obras de los años treinta.



jueves, 29 de marzo de 2012

El tren para primero

El tren pasa primero (2005) de Elena Poniatowska es una novela centrada en la vida de un líder sindical ferroviario mejicano del siglo pasado. La historia sigue con rigor los hechos históricos: la huelga de 1958, la represión del gobierno, el encarcelamiento de los líderes y su liberación diez años después. La novela es desigual, en los primeros capítulos se narra el trabajo ferroviario, la acción de los sindicatos, sus enfrentamientos con la dirección de la compañía o los intentos de control de la huelga por los partidos; después la novela se centra en los años de prisión y, en la tercera parte, se extravía en los orígenes del protagonista y su vida personal.

Las descripciones del mundo ferroviario son magníficas: el trabajo de los carrileros, la actividad en la estación, los corridos de tema ferrocarrilero, el cambio del vapor al diesel, el afecto de los empleados por sus locomotoras, la mirada de los niños sobre los trenes. Cuando la huelga toma cuerpo, se pone de manifiesto cómo el ferrocarril es la espina dorsal de la economía del país. De los muchos fragmentos interesantes desde la óptica de la afición ferroviaria, quizá el más entrañable sea el que describe, con ecos a pasajes semejantes de Zola y Platonov, la relación entre ferroviarios y locomotoras:

Muy pronto Saturnino aprendió que ninguna locomotora era igual a otra. Cuando vio entrar a la Niágara se le detuvo el corazón. A lo largo de sus trayectos aprendió que había que cuidar la máquina porque era aún más compleja que un ser humano, por eso cada una tenía su tripulación que la conocía mejor que a la mujer amada. “¿Sientes aquí? ¿Eso te gusta más? Dímelo por favor.” Los ferrocarrileros enamoraban a su locomotora.

miércoles, 21 de marzo de 2012

P. D. James, amante del ferrocarril

Entre agosto de 1997 y agosto de 1998, la escritora de novela negra británica P. D. James llevó un dietario que publicó en 1999 con el título de Time to Be in Earnest y que fue traducida en español como La hora de la verdad. En realidad se trata también de unas memorias porque, al hilo de los lugares que visita o las personas con las que habla, rememora su vida. En esos años, la novelista realizaba numerosos viajes para promocionar sus novelas y dar conferencias, y siempre que podía, viajaba en tren.

La primera de las entradas del dietario, está escrita en un tren y, en varias de ellas, describe con una literatura llena de referentes pictóricos el paisaje por el que viaja.

Domingo 3 de agosto

Escribo esto sentada en un compartimiento casi vacío de primera clase del tren de las tres treinta y dos que va de Newton Abbot a Paddington, mientras contemplo el paisaje rojizo de Devon, ahora tan borroso que parece desleírse en la lluvia; incluso el trecho costero de Dawlish y Teignmouth, que con tanta ilusión aguardaba, ha perdido su magia habitual.

Jueves, 2 de abril

La primera parte de este viaje (Edimburgo – Londres) es la más emocionante: costa escarpada antes y después de Berrwick, el mar embravecido salpicando rocas irregulares, y el primer tojo, de un amarillo brillante, en los promontorios. Después el río Tweed, fluyendo bajo el Ultimo puente para unirse al mar en Berrwick. Ahora estamos en un país mas calmo y el tiempo ha cambiado, de gris a lluvioso; gotas de lluvia, como renacuajos plateados, serpentean por los cristales. El norte parece pintado al óleo en tonos oscuros y con trazo vigoroso; el sur, a la acuarela. Ahora, sin embargo, el paisaje borroso parece una pintura puntillista, con los campos apenas garabateados por el amarillo limón de la colza.

Demuestra tener un buen conocimiento de este medio de transporte en Inglaterra, no en vano era el que articulaba el territorio durante los años de la infancia y primera juventud de la autora, pero ella demuestra tener un interés y atención especiales sobre él, que incluyen un buen conocimiento de la red y criterio sobre la transformación de las estaciones.

Lunes, 18 de agosto

Hoy he ido a Cambridge en el tren de las diez y media que sale de King's Cross. El viaje ha durado menos de una hora. Actualmente, el servicio a Cambridge es muy rápido y cómodo. Cuando era niña, los trenes rápidos iban siempre a Liverpool Street y los lentos a King's Cross, pero ahora sucede justo lo contrario. Para mí, la vieja estación de Liverpool Street era el pórtico de Londres, una terminal emocionante y romántica.

Domingo, 14 de septiembre

El viernes fui a Southwold con una amiga de Orlord, la novelista Ann Pilling. Ella no tenía coche, de modo que vino muy temprano en autobús y tomamos un taxi hasta Liverpool Street. Era la primera vez que Ann veía la estación restaurada. A mí, desde el punto de vista arquitectónico, me parece una de las más logradas de Londres. Me encanta el meticuloso enladrillado y el modo en que han conservado y reparado los grandes arcos de hierro. Recuerdo la Liverpool Street de mi infancia: llena de humo, misteriosa, emocionante. Para mi, representaba Londres y todo lo que ese mundo tenía de aventura, historia, diversión y cierto aire de peligro.

Avanzándose a una medida que años más tarde pondrían en vigor la mayoría de operadores, reivindicó el poder viajar en silencio, sin la tortura de los móviles o los auriculares.

Jueves, 2 de abril

Escribo esto en el tren de Edimburgo a King's Cross, tras mi charla para la Scottish Medico- Leegal Society. El vagón va casi vacío y estoy disfrutando de lo que más me gusta, un viaje tranquilo e ininterrumpido. En York subió un hombre y de inmediato se puso a hablar por su teléfono móvil. Sentí un miedo terrible a que la paz se hubiera acabado, pero sólo hizo una llamada. Estaría bien que hubiera vagones aparte para las personas que quieren hacer negocios a viva voz durante el viaje, pero no estoy a favor de aumentar el número de prohibiciones. Quizá seria mejor poner carteles pidiendo a la gente que sólo usen sus teléfonos móviles en el pasillo o entre compartimientos. Eso transmitiría el mensaje de que no se trata de una práctica bien vista.

Descubrimos, finalmente, que este afecto de P. D. James por el ferrocarril arranca en su niñez y que también ella vincula ferrocarril con oportunidad de aventura.

Domingo, 12 de julio

A casa de mi nieta Eleanor y su pareja, Scott, para tomar el te y ver su piso de West Hampstead. Es pequeño pero encantador; la luz entra a raudales por los ventanales y el tragaluz, y hay una terraza que han convertido en un pequeño jardín. Da a la estación, pero nunca me ha molestado el sonido de los trenes al pasar. Cuando de niña vivía en The Woodlands, en las afueras de Ludlow, desde la cama oía pasar los trenes más allá de los campos, un sonido confortador y emocionante al mismo tiempo, que contenía la promesa de viajes imaginados. En nuestros paseos dominicales de la infancia corríamos campo a través al menor indicio de que un tren se aproximaba, nos encaramábamos a la tapia y saludábamos al maquinista y al fogonero. En todas las ocasiones nos devolvían el saludo. Si teníamos suerte, el fogonero estaba echando carbón a la caldera y atisbábamos el corazón en llamas del monstruo.

(Se ha utilizado la traducción de Victoria Simó para Ediciones B, S.A., publica en 2002 en Suma de Letras, S.L.)

domingo, 11 de marzo de 2012

Jean Giraud, Moebius.

Este original y popular guionista y dibujante francés, que murió ayer, era conocido, entre otras muchas obras, por los álbumes de la saga western El Teniente Blueberry y los de ciencia-ficción esotérica Incal; en las dos trató el ferrocarril con especial detalle e interés. Valgan como homenaje estas dos viñetas, correspondientes a los álbumes El hombre del puño de acero (1970), en el que el ferrocarril encarna las tensiones entre conquistadores y los pobladores autóctonos, y Après l’Incal (2000), donde el autor deja volar su imaginación a la hora de imaginar los trenes del futuro.


lunes, 5 de marzo de 2012

8 de marzo

En los lugares especializados de toda Europa, hay profusión de reportajes sobre ferroviarias y recuerdos de los tiempos de guerra en que las mujeres hicieron circular el ferrocarril. No he encontrado en mi colección de cómics ninguno con mujeres conduciendo locomotoras o gestionando las circulaciones, sólo heroínas que son atadas a las vías o tiradas desde el tren. Aquí van tres ejemplos sacados del tebeo Mary “noticias” - El asalto al tren (1962) y de los álbumes Yoko Tsuno - L'or du Rhin (1993) y Natacha - L'ange blond (1994). En todos los casos las protagonistas sobreviven y vuelven a la carga… pero siguen sin conducir trenes.

sábado, 18 de febrero de 2012

El tren en la pantalla... de 1942

El semanario español de cinematografía Primer Plano, editado por el Departamento de Cine de la Vicesecretaría de Educación Popular, en su número 80 (Año III) del 26 de abril de 1942, publicó una doble página titulada El tren en la pantalla. Sorprende que, lo que a primera vista parece un texto pensado para completar cuatro fotografías supuestamente tomadas al azar, contiene los temas que habitualmente se utilizan como ejes en los ensayos sobre cine y ferrocarril: el paralelismo entre la proyección y el tren en movimiento, el hecho de que las primeras cintas captaran trenes, la consideración del tren como contenedor de la escena y la gradación de sus usos en las películas, desde “tema esencial” a “leve capricho ornamental” pasando por las películas con “escenas tremendas”, “planos plácidos” o “trucos deliciosos”.

Las cuatro fotografías (mal numeras, por cierto) corresponden a Señales de alarma (¡?), Kongo Express (1939, Kongo exprés) dirigida por Eduard von Borsody, Un marido barato (1941) de Armando Vidal y Sarasate (1941) de Richard Busch, que en aquel momento todavía no se había estrenado en España.

El artículo lo firma Fernando Castán Palomares (1898 – 1963), un aragonés que fue periodista, realizador cinematográfico, crítico taurino y autor de libros sobre cine.

martes, 7 de febrero de 2012

Bicentenario del nacimiento de Charles Dickens


La obra de Charles Dickens (1812 – 1870) ha contribuido a conformar la imagen que tenemos ahora de la Inglaterra victoriana, un paisaje literario que incluye la expansión del ferrocarril. En Dumbey and Son (1848, Dumbey e hijo), la familia protagonista está relacionada con el negocio ferroviario y, cuando describe la irrupción en Londres de la trinchera entre Camden Town y la estación de Euston, el novelista utiliza frases cortas y expresiones que percuten en el lector como las herramientas que abren la zanja:

Se aleja con un chillido, un aullido, un ruido metálico, excavando su guarida entre los hogares de los hombres, zumbando por las calles, iluminando los prados por un momento, horadando la tierra húmeda, bramando en la oscuridad y el aire espeso, con un chillido, un aullido, un ruido metálico, a través de los campos, a través de los cereales, a través de la paja, a través del forraje, a través de la arcilla, a través de la roca, entre los objetos próximos, casi a tocar de la mano, siempre alejándose volando del viajero, a una distancia engañosa siempre moviéndose en su interior, como si siguiera los pasos del despiadado monstruo: la muerte.

La novela Hard Times (1854, Tiempos difíciles), repleta de referencias a la industrialización, tiene el ferrocarril de fondo. El guardavías (1866) es un relato de fantasmas ambientado en la caseta de señales de la boca de un túnel. En el relato Mugby Junction (1866) se describe el ferrocarril como un fenómeno colectivo que envuelve a hombres y a máquinas.

Entonces se oyó un lejano tañido de campanas y resoplido de silbatos. Después, cabezas de hombres cómo muñequitos asomándose a las ventanas y escondiéndose otra vez. Después, prodigiosas hoces de vapor comenzaron a afeitar la atmósfera. Después, algunas locomotoras comenzaron a dar alaridos y a moverse en diversas direcciones. Después, llegó un tren. Después, se vieron venir dos trenes más, pera se detuvieron antes de entrar. Después, el tren se dividió en trozos. Después, locomotoras de maniobra los movieron. Después, las locomotoras unieron los trozos de tren y se marcharon con el tren entero.

Se ha aducido en múltiples ocasiones que Dickens no veía el tren con buenos ojos, pero quizá sea más exacto considerar que, en su mirada crítica sobre los efectos no agradables de la industrialización, lo utilizó como símbolo de la desaparición de la Inglaterra idílica de su infancia.

[Ilustración: Scharf, George - The Birmingham Railroad in Progres on the Hampstead Road (1836)]

domingo, 5 de febrero de 2012

Streamline Express (1935, El expreso aerodinámico)


De las películas que se citan en Al hilo de febrero, la menos conocida es Streamline Express (1935, El expreso aerodinámico). Un año antes, el M-10000 de la Union Pacific y el Zephyr de la Burlington habían hecho su aparición triunfal en la red ferroviaria estadounidense, y ambos trenes se habían convertido en estrellas de la pantalla. Streamline Express fue, pues, una secuela de The Silver Streak (El rayo de plata) y de Twentieth Century (La comedia de la vida). Mientras en las dos películas de 1934 los trenes protagonistas eran reales, en la de 1935 ni siquiera se utilizaron. Un decorado fantasioso y futurista fue suficiente para contener la acción. Los fotogramas que se reproducen, que corresponden a la escena de la inauguración, al interior del tren y a una circulación nocturna, no necesitan mayor comentario.

jueves, 26 de enero de 2012

Andréi Platonov y el ferrocarril

El ingeniero y novelista ruso Andréi Platónovich Kliméntov, (1899–1951) que firmó sus obras como Andréi Platonov, fue el autor de Chevengur, un canto al hecho de que la mayor riqueza de los humanos es que somos todos distintos y al hecho de que sólo de la mano de los sueños y los deseos, la tecnología es útil a la humanidad. El fragmento de la novela que se reproduce a continuación constituye uno de los más bellos ejemplos del tratamiento por parte de un novelista de la pasión que puede llegar a sentir un ferroviario por su profesión y su mundo.

Al día siguiente Zajar Pávlovich acudió al depósito. El maquinista-maestro, un viejecito que desconfiaba de las personas vivas, estuvo observándole durante largo rato. Amaba las locomotoras con tanta pasión y celo que sentía pavor al verlas en marcha. Si estuviera en su poder daría descanso eterno a todas las locomotoras para que no las estropearan las bastas manos de gente ignorante. Opinaba que las personas eran muchas, y las máquinas pocas; que las personas eran seres humanos vivos que podían defenderse por sí mismos, mientras que las máquinas eran seres delicados, indefensos y quebradizos; y que para llevarlas como es preciso había que abandonar a la esposa, quitarse de la cabeza todas las preocupaciones y mojar el pan en oleonafta: sólo entonces podía permitirse que un hombre se acercara a las máquinas, y eso tras diez años de paciente espera!

En este otro fragmento, Platonov avanza la visión que tendrán los antropólogos de la segunda mitad del siglo XX sobre la vinculación entre tecnología y humanidad.

–¡Fíjate en los pájaros! [dijo el maestro maquinista] ¡Son preciosos, pero como no trabajan no queda nada tras ellos! ¿Has visto algo hecho por pájaros? ¡Absolutamente nada! Bueno, algo hacen para conseguir alimentos y cobijo. Pero, ¿dónde están sus productos instrumentales? ¿Dónde el ángulo de avance de sus vidas? No lo tienen, ni lo pueden tener.
–¿Y el hombre? –preguntó Zajar Pávlovich, que no acababa de entender al maestro.
–¡El hombre tiene las máquinas! ¿Comprendes? El hombre es el principio de todo mecanismo, mientras que los pájaros son el final de sí mismos.